Principios de Psicologia de la forma - Kurt Koffka.pdf - VSIP.INFO (2022)

PRINCIPIOS DE PSICOLOGIA DE LA FORMA

BIBLIOTECA PSICOLOGIAS DEL SIGLO XX

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KURT

KOFFI{A

Berlin:» Massachussetts

PRINCIPIOS DE

PSICOLOGIA

EDITORIAL

LA FORMA

PAIDOS

BUENOS AIRES

Título del original inglés PRlNCIPLES OF GESTALT PSYCHOLOGY

Publicado por International Library of Psychology Philosophy and Scientific Method, Harcourt, Brace and Company New York

Supervisión de JAIME BERNSTEIN

Miembro por la Argentina de la Agrupación Internacional para la Coordinación de la Psiquiatria yde los Métodos Psicológicos, Asociada a la UNE seo. Ex Profesor de las Universidades de Buenos Aires y La Plata.

IMPRESO EN LA ARGENTINA (PRINTED IN ARGENTINA)

Queda hecho el depósito que previene la ley NQ 11.723

OOPY1'ight de la edición inglesa AH rights reserved, inc1uding the r.ight to reproduce this book or por tíons thereof in any formo

Copyright de todas las ediciones en castellano

by EDITORIAL PAIDOS CABILDQ

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BUENOS AIRES

A WOLFGANG KaHLER y

MAX

WERTHEIMER

En reconocimiento de su amistad e inspiración

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INDICE Presentación de la Versión Castellana ..

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PREFACIO

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/.CAPÍTULO 1.-

¿Por qué Psicología? .. .. .. .. .. .. ., .. .. .. ..

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Una Cuestión Preliminar (17). Hechos y Teorias (19). La Ciencia y las ciencias (20). Ciencia y conducta (2:1). El peligro de la ciencia (2S). L", ciencia como disciplina (24). Función de la ciencia (25). La función especial de la psícología (25). Naturaleza, vida, espír'ítu (25). El principio general en el análisis precedente (S8). Generalidad de la categoría de gestalt (S9). ¿Por qué psícología? (40).

¡CAPÍTULO

n. -

La Conducta y su Ambíto .. .. .. .. .. ., ..

41

El punto de partida (41). Definiciones de la psicología (42). Conducta masiva y molecular (4S). La conducta. masiva y su ámbito (45). El concepto de campo (59). El campo en la psicología (61). La tarea de nuestra psicología (88).

J CAPÍTULO Hl. - El campo ambital. El problema, Refutación de soluciones falsas. Formulación general de la verdadera solución .. .. ..

91

El campo ambital (91). Relación causal entre, el ámbíto geográfico y el conductal (96). ¿Por qué se ven las cosas como se ven? (98). Primera respuesta (99). Segunda respuesta (lOS). La verdadera respuesta (12S). Sumario (lSl).

'CAPÍTULO IV. - El campo ambital. La organización visual y sus leyes ..

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Organización y propiedades del mundo de la conducta (lS2). carac. terísticas generales de los procesos estables (lSS). La condición más simple: Distribución completamente homogénea de la estimulación (lS7). Estimulación ínhomogénea.. Ejemplo de una sola inhomogeneidad en un campo, por lo demás, homogéneo (15S). Puntos y líneas como estímulos. (1) Puntos (180). (2) Lineas (182). Inhomogeneidad discontinua de la estimulación. Líneas y puntos (197). Otras estimulaciones ínhomogéneas (202.). Organización y la ley de pregnancía, Simplicidad mínima y máxima (205). La organización desde los puntos de vista de la cantidad, el orden y el significado (208). ¡ CAPÍTULO V. - El campo ambital. Figura y Fondo. El armazón Las cosas y el armazón (212).

212

'/CAPÍTULO VI. -

250

El campo ambital. Las Constancias .. .. ..

El armazón (250). Teoria de las constancias perceptuales (265).

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ÍNDICE

l/CAPÍTULO VII. - El campo ambital. El Espacio Tridimensional y el Movimiento .. .. .. .. .. .. ., .. .. " " " " " .. " " .. La interdependencia de los diferentes aspectos de la organízacíón vi. sual (311) La organización tridimensional (312). Anísotropía del espa. cío (322). Movimiento percibido (328). Conclusiones sobre la naturaleza de los objetos de conducta (356). Resumen (358). iCAPÍTULO VIII. - La Acción. Los Reflejos. El yo. El ejecutivo Las producciones de la conducta (359). El problema de la conducta (360). Los reflejos (364). El Yo (374). El Ejecutivo (401). Prín. cipio General de la Acción (429) . ./CAPÍTULO IX. - La Acción. La conducta adaptada. Las actitudes, Las emociones y La voluntad .. .. " .. .. " .. Objeto de este capítulo (430). El problema de la conducta adaptada (431). Organización silente del yo (448). La acción dirigida. Los diagramas de fuerza (456). Las actitudes y sus efectos sobre el ámbito de conducta (460). Las emociones (467). La voluntad (484). Conclusíón y perspectivas (490).

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311

359

430

;' CApíTULO X. - La Memoria .. .. .. .. .. .. .. .. .. .. .. .. .. .. El papel de la memoria (493). La memoria no debe ser considerada como una facultad especial (494). La memoria y el tiempo (494). ¿Puede la memoria reducirse' por completo a huellas? Unidades temporales (503).

493

¡CApíTULO XI. - La Memoria , ., , .. Pruebas Experimentales (542,). Reasunción de la teoría de las huellan: Insuficiencia de nuestra hipótesis (587). Las huellas y el yo (596). El olvido. La disponibilidad de las huellas (606).

542

CAPÍTULO XII. - El aprendizaje y otras [unciones de la memoria .. " " Definición del aprendizaje (613). El aprendizaje como actuación y como proceso. Las posiciones de Lashley y Humphrey (614). Tres problemas implícitos en el aprendizaje (627). El aprendizaje definido por el proceso (631). Los efectos ulteriores de las huellas (640).

613

CAPíTULO XIII. - El aprendizaje y otras funciones de la memoria El reconocimiento y el problema de la comunicación entre el proceso y la huella (683). El surgimiento de un nuevo proceso. El pensar (709). Nuestra descripción de la conducta (746).

683

CAPÍTULO XIV. - La sociedad y la personalidad Incompletud del estudio precedente (749). El problema fundamental (750). La naturaleza de los grupos psicológicos (768). Oonsencuen, cías de la formación de grupos (779). Civilización y Armazón (779).

749

¡CAPÍTULO XV. - Conclusión .. .. .. .. .. .. .... .......... Una mirada retrospectiva (786). El montaje teórico (788). El sígnt, ficado de gestalt (789). Consecuencia de la integración (790). El positivismo y la teoría de la gestalt (791).

786

..

793

BIBLIOGRAFÍA EN CASTELLANO

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BIBLIOGRAFÍA ESPECIAL ..

PRESENTACION DE LA VERSION CASTELLANA En la Biblioteca de Psicologías del Siglo XX, destinada a dar conocer las más grandes exposiciones de conjunto de cada una las principales escuelas de la psicología de nuestros dia«, de hechas por sus propios autores, a fin de brindar al lechispanoparlante un panorama directo y fidedigno de ese vas tisimo campo de la psicología contemporánea; donde ya W ATSON ha presentado su Conductismo, STERN su Personalística, y donde seguida harán lo mismo BECHTEREV con su Psicología objetiva, ADLER con su Psicología del individuo, LEWIN con su Psicología topológica, TITCHENER con su Psicología estructural, DEWEY y ANGELL con su Psicología [uncional, WOODWORTH con su Psicolodinámica . . . y, en fin, HEIDBREDER con todas ellas, no podía la Psicología de la forma. Decidida la ineludible inclusión de la Gestaltheorie, la elección del autor y de la obra para presentarla a nuestros lectores no ofreció alguna: existen dos exposiciones de conjunto fundamentales -publicadas ambas en los EE. UU por los mayores representantes de la escuela de Berlín. De ellas, una; la Gestaltpsychologie, escrita por WOLFANG KoHLER en 1929, ya ha sido muy bien vertida al castellano por la Editorial Argonauta de Buenos Aires en 1948, con el titulo de Psicología de la Forma; faltaba la otra -acaso la más completa y sistemática de las dos-: PrincipIes of Cestalpsychology, publicada por KURT KOFFKA en 1935, y es la que ponemos ahora en manos del lector. En virtud de que la Psicologia. de la Gestalt ha producido "un profundo cambio de perspectiva que afecta a todas las ramas del pensamiento humano" (R. H. Weeler: The Laws of Human Nature, Londres, 1931), estimamos que con este libro damos un material útil al psicólogo, al filósofo, al hombre de ciencia y al lector culto en general. De otra parte, esta "teoría" psicológica y filosófica de la Gestalt *-que beneficia la comprensión de lo psíquico, de lo

* Una advertencia al lector acerca del vocablo alemán Gestalt. Este término, que en su sentido más amplio significa "una integración de miembros, en contraposición a la suma de partes" (W ARREN), tiene -según KOHLER- dos significaciones, que le vienen, cuando menos, desde el tiempo de Goethe: algunas veces tiene la connotación de "figura" (Shape) o "forma" (foTm) , como una "propiedad" de las cosas; otras denota una entidad concreta indio

biológico y de lo físico- ha entrado también auspiciosamente en el campo de la psicopatología (CELB, COLDSTEIN, FUCHS) y ha dado ya lugar, asimismo, a instrumentos de aplicación "práctica" en el dominio de la psicometría, de la psicología clínica y de -la psiquiatría, sirviendo, en efecto, de fundamento a uno de' los más importantes tests de la batería psicométrica contemporánea: al Test Cestáltico Visomotor de Laureta Bender (que bien pronto entregaremos al público). Por ello, este libro de Koffka servirá igualmente como fundamento doctrinario de un recurso útil al psicólogo clínico, al psiquiatra y al educador. Estamos persuadidos que con esta obra la Biblioteca de Psicologías del Siglo XX cumple debidamente su deuda con la Escuela de la forma, con la Escuela de Berlín y, asimismo, con el compromiso contraído con nuestro lector.

Los

EDITORES.

vidual y característica, existente como algo separado y que tiene figura o forma como uno de sus atributos. "Siguiendo la tradición de la Teoría de la Forma, la palabra gestalt significa un todo segregado (Segregated whole). (W. Kohler, Gestalt Psychology, pág. 682 s.l . KOFFKA, por su parte, en este libro, da al término la misma significación de KÜHLER: la de una entidad concreta, individual existente como algo separado, dotada de forma y que es producto de la organización. Sin embargo, en razón de que esta palabra se ha aplicado por igual al mundo de lo mental, de lo biológico y de lo físico para designar totalidad, unidad, organización, se ha objetado que ella se ha convertido en una "palabra mágica" y misteriosa, útil para toda ocasión (RIGNANO). Así, se la ha traducido al inglés como [orm, pattem, structure o configuration (J. DREVER, A Dictionary o] Psycholoey, 1952); al francés GUILLAUME -su más autorizado traductor-, la ha vertido como forme, aunque vacilando si no sería más apropiado traducirla como structure u organization ; y, en fin, al castellano se la ha trasladado también en esas diversas maneras: como forma, figura, estructura" configuración, patrón ... Pero -como señala HEIDBREDER a propósito de las versiones al inglés- si bien "forma" sería, entre todas ellas, la menos inadecuada y se la está utilizando cada vez más, no se dispone de palabra alguna "que corresponda exactamente al vocablo alemán gestalt", y "ninguna ha sido aceptada sin reservas" (Psicologías del Siglo XX). Tal vez sea a causa de tal situación que, según anota GREGORY S. RAZRAN, en los últimos años se ha ido imponiendo en e! idioma inglés la tendencia a resolver este problema utilizando el término alemán mismo como adjetivo y sustantivo. Nosotros, en razón de tantas incertidumbres y hesitaciones, hemos creído lícito seguir el mismo criterio, sobre todo tratándose, como en este caso, de textos técnicos destínados a no legos y entre los cuales la palabra gestalt ya es bien familiar. Por último, debemos advertir que siendo el inglés el idioma originario de Principles o] Gestalt Psychology, por lo regular se tradujeron los términos form, shape, pattem, structure y configuration por sus equivalentes literales en el castellano.

PREFACIO Dado que en los capítulos iniciales y últimos de esta obra queda explicado el propósito del autor, este prefacio ha de ser breve. Concebí la idea de escribir una obra sobre Psicología de la forma cuando, después de cinco años consagrados a ba investigación, hube de reasumir la labor docente. Me pareció que el mejor modo de sistematizar mis propios conocimientos era darles forma de libro. El resultado final no ha sido exactamente la obra que tenía pro')'ectada cuando empecé a escribir las primeras páginas. Esperaba producir una obra asequible a un círculo de lectores más vasto que el de los psicólogos especializados y que, a la vez, contuviese suficiente material concreto capaz de interesar también a los especialistas. Así me lo propuse e hice saberlo a alguno de mis amigos, persuadido de que ésta sería una obra intermedia entre la "Psicología de la Forma" de Ki::iHLER y los libros de texto corrientes. Temo que el único rastro de esta idea sea que el libro no resultó ni lo uno ni lo otro. Originariamente deseaba alcanzar una exposición de la psicología lo más sistemática posible. Y me he aferrado a esta parte de mi programa con tal decisión, que por momentos podría parecer pedante '(JJ algunos lectores. Por sistematización no entiendo perfección, sino consistencia. Quería poner orden en la gran masa de hechos descubiertos por la psicología moderna, formulando con toda claridad problemas evidentes, mostrando sus interrelaciones, ofreciendo las posibles soluciones y señalando Vas brechas que estas soluciones dejan abiertas. Si bien deseaba presentar una psicología sistematizada, no se trataba de un. sistema muerto o acabado, sino de un sistema en formación, un. sistema en estado de crecimiento. Fué siguiendo este criterio que dividí el terreno y seleccioné el material. El tratado con todo lo largo como resultó, noabarc'a, empero, gran número de hechos, muchos de ellos seguramente de gran

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importancia. Debía haber, sin embargo, alguna selección, y no obstante ser todas las selecciones arbitrarias en la medida que dependen de la persona que efectúa la selección, he tratado de escoger el material de acuerdo con la contribución que podía aportar a mi plan general. Que !vaya extraído mucho de la literatura de la gestalt está justificado en el título, donde se advierte mi concepto de la sistematizacion.í Releyendo la obra, encuentro algunas partes mucho más difíciles que otras.. Así ocurre especialmente con la exposición de las constancias perceptuales incluida en el capítulo sexto. Estas constancias comprenden algunos de los más graves problemas de la investigación empírica actual y, en mi opinión, revelan la importancia de los principales conceptos de este libro. Su dilucidación, sin embargo, no es absolutamente imprescindible para el desarrollo del sistema como un todo. El lector que no se interese suficientemente en ellas podrá, en consecuencia, pasar por alto el capítulo sexto, sin perder el hilo del razonamiento general. Habiendo explicado cónw procuré que fuese el libro, explicaré ahora cómo procuré que no fuese. En primer lugar no tiene pretensiones dogmáticas. Ofrece al lector una teoría con gran número de aplicaciones, pero depende del lector juzgar hasta dónde esta teoría es acertada. Sería erróneo, 'además, ver en esta obra "la exposición auténtica de la teoría de la forma", porque no hay tal cosa. Nada hice yo que cualquier psicólogo no hubiese podido hacer tan bien o mejor, de haberlo querido así. El equipo teórico general, así como los hechos todos, estaban al alcance de todo el mundo. No existe ningún "secreto de cofradía" que me coloque a mí o 'a cualquier otro miembro de la llamada "Escuela de la Forma" (Gestalt) en una situación especial. De ahí que la obra deba ser juzgada no sólo como "Psicología de la Forma" sino también como Psi· cología. Por lo demás, no desea ser polémica, sino exponerse de manera impersonal, según debe notarse a través de sus páginas y queda explícitamente dicho en el capítulo último. Naturalmente, a fin de 1 La mayor parte de esta literatura está en alemán; por tanto, no es fácilmente accesible a los lectores ingleses y americanos. A fin de salvar esta dificultad que impide familiarizarse con la bibliografía original, el Dr. W. D. Ellis está preparando un libro donde se reúnen versiones condeno sadas de buen número de los libros y artículos en alemán sobre la Psicología de la Gestalt perteneciente al período 1915·1929. Esta recopilación, de práxima publicación, habrá de constituir una gran ayuda para el estudiante de la Psicología de la Gestalt.

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cierta explicación de los fenómenos, fué preciso desechar otras explicaciones. En muchas partes tales explicaciones han sido expuestas según un criterio personal, con la sola intención de darles la mayor plausibilidad. Por momentos, sin embargo, fué conveniente citar explícitamente a algunos autoresr En estos casos las polémicas personales estaban tan lejos de mi pensamiento como en los otros. H e elegido a mis adversarios por el valor de sus contribuciones; me hubiese parecido poco correcto despreciar sus argumentos, y muy a menudo, sus juicios críticos me han ayudado en el desarrollo de mis propias hipótesis. Finalmente, me corresponde expresar mi gratitud hacia aquellos sin cuya colaboración directa o indirecta, este libro no se habría escrito. Todos saben, y el texto lo está revelando en cada capítulo, lo que debo a los dos amigos a quienes está dedicado. Nunca, a p1artir del semestre de invierno de 1910-11, en que los tres trabajamos juntos en Francfort del Maine, dejaron de guiarme sus ideas creadoras. He estado tentado de agregar a mi dedicatoria la cita del Fausto, recordada por HERMANN EBBINGHAUS en la página donde dedica su Grundzüge a GUSTAVO TEODORO FECHNER, Y sólo el horror al plagio me ha impedido hacerlo. Tengo una gran deuda de gratitud con el Smith College y con su presidente W. A. NEILSON, primero, por designarme profesor de investigación, concediéndome, así, cinco años íntegros durante los cuales, subvencionado por el presidente y la Facultad, pude consagrar todos mis esfuerzos a la investigación pura, y luego por 'aligerar tanto la carga de mi docencia que en poco más de dos años pude escribir esta obra, recogiendo así el fruto de mis cinco años de experimentación y reflexión. Agradezco a mis alumnos, quienes pacientemente estudiaron estos capítulos a medida. que eran escritos y contribuyeron con buena cantidad. de críticas inteligentes, y a mis colegas con quienes se discutieron algunos de los problemas en coloquios de seminario. Otro de mis colegas, el Prof. W. A. ORTON, aunque no psicólogo, leyó un buen tercio del libro, sugiriendo varios cambios valiosos, fué él también una ayzlda inestimable en la revisión de las pruebas finales. El DI. JULIÁN BLACKBURN de la Universidad de Cambridge, que pasó seis meses conmigo en el Centro Rockefeller, leyó el manuscrito entero y me llamó la atención sobre muchos puntos donde el razona2 Todas las referencias del texto remiten a la bibliografía que se da al final del libro. [Las notas de pie señaladas con asterisco se han agregado en esta versión (E.)].

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miento no era claro o le faltaba consistencia. Con mi colega del Colegio del Estado de Massachusetts, DI. W. D. ELLIS, quedo en deuda por su penosa labor de corregir las pruebas. Pero sobre todo, he recibido b» más activa colaboración de mi ex alumna, la doctora M. R. HARROWER. A ella debe agradecerle no sólo el autor, sino también el lector. Cuando revisaba cada línea del manuscrito y de las pruebas con el mayor cuidado, ella lo hacía pensando constantemente tanto en el contenido como en el lector. En muchas horas de discusión me hizo rehacer buena cantidad de pasajes, de modo que ellos no tuviesen sentido sólo para mí, sino también para todos aquellos que se tomasen el trabajo de estudiar la obra. Se debe igualmente a su competencia el correcto inglés del texto. Creo que la psicología ha entrado en un período de rápido y saludable progreso, de modo que esta obra, en muchos aspectos, prono to habrá envejecido. Si contribuye a tal progreso, aunque sea en mínima parte, me sentiré recompensado por la labor que significó escribirlo. K. KOFFKA Smith College Northampton, Massachussetts. Febrero de 1935.

CAPITULO I ¿POR QUÉ PSICOLOGíA? cuestión preliminar. Hechos y teorías. La ciencia y las ciencias. El peligro de la ciencia. La ciencia como disciplina. de la ciencia. La función especial de la psicología. Naturaleza, vida, La integración de cantidad, orden y sentido. El principio común en análisis precedente. Generalidad de la categoría gestaltiana. ¿Por qué y conducta.

UNA CUESTION PRELIMINAR

Cuando por vez primera concebí la idea de escribir esta obra me imagine, aunque no lo sabía a ciencia cierta, cuánto esfuerzo costaría HL'''''C.V adelante y cuánto exigiría al posible lector, y dudé, no retósino muy verdadera y sinceramente, de que tal labor justificada por parte del autor y del lector. No me preocutanto la idea de escribir otro libro más sobre psicología, sumána los muchos libros que han aparecido durante los últimos diez años, como la idea de escribir un libro sobre psicología. Escribir una obra para la publicación es un acto social. ¿Puede justificarse requerir cooperación de la sociedad para tal empresa? ¿ Qué bien podría, en el mej or de los casos, obtener de ella la sociedad o una pequeña parte de ella? Traté de dar respuesta a este interrogante y ahora, cuando después de haber completado el libro, vuelvo a este capítulo, compruebo que la respuesta que entonces me dió ánimo suficiente para comenzar mi largo camino, me ha acompañado hasta el final!' Creo haber encontrado una razón de por qué un libro de psicología puede hacer algún bien. La psicología se ha fragmentado en tantas ramas y escuelas, que se ignoran o combaten unas a otras, que aun un extraño en la materia puede tener la impresión -seguramente fortalecida por las publicaciones "Psicholo-

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gies of 1925" Y "Psychologies of 1930"- que el plural "psicologías" debería reemplazar al singular. La psicología ha sido mimada en los Estados Unidos, donde gozó de gran popularidad por muchos años, sin embargo me parece que su buena fortuna ha decaído en parte y puede decaer aun más; en Inglaterra, país de sello conservador, por largo tiempo encontró tan frío recibimiento como cualquier otra innovación altisonante y asombrosa, pero gradualmente ha ido ganando terreno y, en mi parecer, lo está aún ganando; en Alemania, donde nació la psicología experimental y tuvo al principio un período de rápida expansión, surgió poco después una fuerte reacción que mantuvo decididamente a la psicología "en su lugar". Hoy, lo confieso, siento mucha menos animosidad contra los enemigos activos de la psicología -contra aquellos que son serios y honestos- que cuando era joven. Al comparar la psicología, tal como es hoy, con otras ramas del saber humano, surge el interrogante de qué contribución ha hecho la psicología a través del vastísimo e intenso esfuerzo de los hombres y mujeres que le dedicaron sus vidas. Ningún estudiante de filosofía dej ará de adquirir alguna noción de los grandes problemas planteados por nuestros más profundos pensadores de los tiempos antiguos y modernos; ningún estudiante de historia dejará de advertir las enormes fuerzas humanas consumidas en la formación y destrucción de imperios y que, combinadas, han dado el mundo en que hoy vivimos; ningún estudiante de física pasará su examen final sin tener alguna visión de la creciente racionalización de nuestros conocimientos de la naturaleza ni de la inexorable exactitud de los métodos experimentales; y ningún estudiante de matemáticas dej ará las aulas sin haber aprendido lo que es el pensar generalizado y los hermosos y notables resultados que éste puede proporcionar. Pero, ¿qué diremps del estudiante de psicología? ¿Habrá aprendido a comprender mejor la naturaleza humana y las acciones humanas al final de su curso? No estoy dispuesto a responder afirmativamente. Sin embargo, en tanto me faltó respuesta a esta pregunta, esto es, qué puede obtener el estudiante de psicología de su curso general; en qué, expresado en forma más amplia, puede la psicología contribuir al acervo imperecedero de nuestra especie, no me sentí justificado para escribir un tratado sobre la materia.

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HECHOS Y TEORIAS

puede reprochar a la psicología haber descubierto pocos Un psicólogo que conociese todos los hechos que han sido a luz por métodos experimentales sabría mucho, ciertay tal conocimiento, hoy en día es considerado como 'un en sí mismo. "Busca hechos, hechos y más hechos; cuando seguro de tus hechos, construye teorías. Pero tus hechos son importantes". Este lema expresa el credo de una filosofía hoy aceptada. Y, en verdad, parece muy plausible. Por un están los hechos objetivos, independientes del cientista que investiga; por el otro están sus hipótesis, sus teorías, puros de su mente. Naturalmente, debemos atribuir más valor primeros que a los últimos. En psicología, tal parecer puede una justificación especial, ya que esta ciencia antes del de la nueva era consistía en cierto número de teorías simamplias y unos pocos hechos científicamente establecidos. advenimiento de la experimentación, fueron descubiertos más más hechos que arrasaron con las viejas teorías. Sólo cuando la ología decidió convertirse en ciencia descubridora de hechos enzó a convertirse en una ciencia real. Desde el estado en que ía poco e imaginaba mucho, ha progresado hasta el estado en conoce mucho e imagina poco, al menos conscientemente, pues saberlo contiene más fantasia de lo que piensan muchos psicóPara apreciar este progreso, debemos examinar qué es lo que signitica saber mucho. El adagio latino multum. non multa señala acepciones de la palabra "mucho,". Una que se descarta en favor la otra, es puramente cuantitativax De acuerdo con el último téruna personasque cono,ce,yeint{ objetos conoce diez veces más la persona qu~ ~onoc~só19,¡;.§,QS'; Pero, en otro sentido, la se· si conoce estil' objetos"en su relación intrínseca, de tal modo ya no son dos sino uno con dos partes, conoce mucho más que primera en tanto ésta conoce veinte objetos meramente sumados, bien desde el punto de vista del multa esta persona sería superior, sería inferior desde el punto de vista del multum, Ahora bien, al contemplar el crecimiento de la ciencia, creo que comenzó a encontrarse a sí misma y, por consiguiente, entró en una época, durante el Renacimiento, cuando se dejó la persecude los multa por la búsqueda del multum. Desde entonces la

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ciencia continuamente se ha esforzado por reducir el número de proposiciones de que pueden derivarse todos los hechos conocidos. En esta empresa ha tenido cada vez mayor éxito y con su nuevo método ha descubierto más y más hechos, que de otro modo nunca hubiesen llegado a conocerse; simultáneamente ha descartado por erróneas muchas porciones de conocimiento tenidas como hechos y ha cambiado la posición sistemática de muchos hechos. Es un "hecho" que los cuerpos pesados caen más rápidamente que los livianos, como puede probar cualquiera dejando caer un lápiz y una hoja de papel. Sin embargo, es un hecho complejo y no un hecho simple, ya que el hecho simple es que todos los cuerpos caen con la misma velocidad en el vacío. El hecho cotidiano puede ser derivado de este hecho científico y no viceversa. El concepto mismo de hecho se torna, por tanto, problemático. Se puede considerar el progreso de la ciencia como un continuo aumento en el número de hechos conocidos. Se llega, entonces, a un punto donde mucho conocimiento significa conocimiento de multa. Es posible, empero, otro aspecto muy diferente del progreso científico: la creciente simplicidad, no por el supuesto en el sentido de que sea más y más liviano el aprendizaje, sino en el sentido de que, para aquél que lo ha dominado, el sistema de la ciencia se torna un todo de más en más coherente y unitario. O expresado de otro modo: la ciencia no es comparable a un catálogo en el cual se alinean todos los hechos de acuerdo con un principio arbitrario, tal como ocurre en una biblioteca con los libros, según el orden alfabético de sus autores. La ciencia es racional; los hechos y su orden son uno y el mismo; hechos sin orden no existen; por lo tanto, si conocemos un hecho a fondo conocemos muchos más hechos por el solo conocimiento de éste. Desde este punto de vista, mucho conocimiento es conocimiento de multum, conocimiento del sistema racional, de la interdependencia de todos los hechos.

LA CIENCIA Y LAS CIENCIAS

La ciencia, por supuesto, nunca logra alcanzar su meta. En todo momento de su historia hay un abismo insalvable entre su ideal y sus conquistas. El sistema nunca está completo, siempre hay hechos, antiguos o recién descubiertos, que desafían la unidad del sistema. Evidente como es esto dentro del ámbito de cualquier ciencia aisla-

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se pone aún más de manifiesto al considerarse la variedad de ciencias. Todas ellas han surgido de una matriz común. primer impulso científico no estuvo dirigido hacia grupos difeciados de tópicos especiales sino que fué universal. En nuestra inología presente podemos decir que la filosofía es la madre todas las ciencias. La progresiva especialización ha señalado el progreso cientí, y nuestra ciencia, la psicología, fué la última en ganar su indedencia. Esta separación y especialización fué necesaria, pero itablemente ha perjudicado el propósito de unificar el conocinto. Si se han desarrollado una cantidad de ciencias establecipor separado, luego, coherente como 'puede ser cada una por sí sma, ¿ cuál es su relación mutua? ¿ Cómo puede surgir un mulo de estos multa? Que debe llevarse a cabo esta tarea, se sigue la propia función de la ciencia. Yo soy el último en juzgar el de la ciencia por sus aplicaciones prácticas. La explicación de dmlvÍilClon de las líneas espectrales de la luz que viene de estrellas millones de años luz, a mis ojos es un triunfo de la ciencia más grande que la construcción de un nuevo puente en mpo record y la trasmisión de imágenes fotográficas a través del éano. Pero sobre todo, no creo de ningún modo que la ciencia eda ser lícitamente considerada como un juego para una cantid relativamente pequeña de gente que goza con ella y se gana vida a su costa. En cierto sentido la ciencia no puede divorciarse ter amente de la conducta. dü,tiJIÜ2LS

CIENCIA Y CONDUCTA

La conducta, por supuesto, es posible sin la ciencia. Los seres humanos debieron resolver sus asuntos cotidianos mucho antes de que hubiese encendido la primera chispa de ciencia. Y hoy hay mide personas cuyas acciones no están determinadas por nada que llamamos ciencia. La ciencia, no obstante, no podía sino una creciente influencia sobre el comportamiento humano. esta influencia brevemente, a grandes rasgos, arrojará luz sobre la ciencia. Exagerando y esquematizando la difepodríamos decir: en la etapa precientífica el hombre se en determinada situación, tal como la situación le induce comportarse. Para el hombre primitivo, cada cosa dice lo que es

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y lo que él debe hacer con ella: una fruta dice "cómeme", el agua dice "bébeme"; el trueno "témeme" y la mujer "ámame". Este mundo es limitado mas, hasta cierto punto, manej able; el conocimiento es directo y completamente acientífico, en muchos casos perfectamente verdadero, pero en muchos otros irremediablemente errado. Y el hombre descubrió lentamente los errores en su mundo originario. Aprendió a desconfiar de lo que las cosas le decían y gradualmente olvidó el lenguaje de los pájaros y de las piedras. En su lugar, desarrolló una nueva actividad: comenzó a pensar. Y esta nueva actividad le aportó grandes ventajas. Podía meditar las consecuencias de los acontecimientos y de las acciones y en consecuencia liberarse del pasado y del presente. Pensando creó conocimiento en el sentido del conocimiento científico -conoci· miento que no lo era ya de cosas individuales sino universales. El conocimiento, de este modo, se torna más y más indirecto, y la acción, en la medida en que pierde la guía directa dada por el mundo de las cosas, más y más intelectualizadas. Además, el proceso del pensar había destruído la unidad del mundo primitivo. El pensamiento había desarrollado categorías o clases, y cada clase tenía sus propias características, modos de comportarse o leyes. Las situaciones concretas que demandan decisiones y acciones prontas no caen, sin embargo, dentro de una única categoría. De este modo, la acción, si iba a ser dirigida por el conocimiento científico, tenía que estar sujeta a un complejo proceso de pensamiento, y bastante a menudo tal proceso resultaba insuficiente para proporcionar una decisión precisa. En otras palabras: en tanto el mundo del hombre primitivo había determinado directamente su conducta y le había dicho qué era bueno y qué malo, el mundo científico muy a menudo fracasó cuando trató de responder a tales interrogantes. La razón parecía revelar la verdad, pero que no podía ofrecer ninguna guía para la conducta; la exigencia, empero, de esa guía quedaba en pie y debía ser satisfecha. De tal modo, surgió eventualmente el dualismo de ciencia y religión con sus diversos aspectos de teoría de dos caras, amarga enemistad y sentimentalización de la ciencia, la una tan insatisfactoria como la otra.

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EL PELIGRO DE LA CIENCIA

. Será la tragedia del género humano que por cada adquisición (, . que a menu do parece mas ' tenga que pagar un precio la adquisición? ¿Debemos pagar la ciencia con la desde nuestra vida? ¿Debemos negar los días de semana que profesamos los domingos? Como profesión de fe personal que no hay tal sino inexorable. La ciencia, al construir sisteracionales de conocimiento, debe seleccionar esos hechos sen su mayor posibilidad de sistematización. Este proceso seleco, en sí de gran importancia, involucra la omisión o rechazo de na cantidad de hechos o aspectos. En tanto los hombres de ciencia ben lo que están haciendo, tal procedimiento encierra poco pelio. En medio de su éxito, empero, la ciencia puede llegar a olvidar ue no ha aprendido todos los aspectos de la realidad, y a negar 1" existencia de aquéllos que ha omitido. Así, en vez de tomar en onsideración la pregunta que da lugar a. toda ciencia; "qué es Dios, ué somos nosotros ... ", ridiculiza tales interrogantes y estima a los hOInbres y mujeres que persisten en plantearlos como sobrevivientes Esta actitud, cuyo mérito y necesidad histórica percibo claradebe ser rechazada, no por ser contraria a la religión, sino podría, mantenida firmemente, bloquear el progreso de la ciencia cerrando a su paso las puertas que llevan a la más de todas las preguntas. En mi opinión ninguna puerta deestar cerrada a la ciencia; con esto no quiero decir que la de hoy o de ayer sea capaz de responder a los problemas según parecen pensar muchos radicales, hombres de mejores intenciones. En cambio, creo que la ciencia, consciente su imperfección, debiera tratar de consolidar gradualmente su base, de incluír más y más hechos que al principio encontró necesario excluir y así hallarse cada vez mej or equipada para responder a aquellos interrogantes que la humanidad no quiere le sean denegados. Mientras la ciencia no comprenda bien su tarea, correrá siempre el peligro de perder su posición de independencia e integridad. El usurpador ilegal de un trono encontrará siempre pretendientes ilegales. La acusación y condenación del intelecto, que ha asumido tan tremendas proporciones en algunas partes de nuestro mundo, y con consecuencias de tan largo alcance, me parece el re-

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sultado de la errada actitud científica, aunque por esta razón no sea aquélla injusta en sí misma. En otro capítulo (Cap. IX) volveré a este tema para señalar únicamente que la ciencia, si sigue por el sendero que he indicado brevemente, asumirá una faz distinta. Espero, sin embargo, que tal ciencia ayudará, lenta aunque seguramente, a recrear aquella unidad originaria que debió destruir a fin .de desenvolverse. De aquí que una ciencia gane en valor y significado, no por el número de hechos particulares que recoge, sino por la generalidad y la fuerza de sus teorías; conclusión ésta contraria a la afirmación con que comenzó nuestra dilucidación. Esta opinión, empero, no contempla los hechos, ya que las teorías son teorías de hechos y sólo pueden probarse por hechos; no son especulaciones ociosas de lo que debe ser, sino vEtúp/¡zt, esto es, reconocimientos intuiciones de lo que es. Por lo tanto, en mi exposición de la psicología, insistiré especialmente en el aspecto teórico; se consignarán muchos hechos pero no como una mera colección o exhibición de fenómenos curiosos, comparables a las figuras de cera de Mme. Tussaud, sino como hechos dentro de un sistema, y en la medida de lo humanamente posible, no un sistema favorito de mi propiedad, sino el sistema a que pertenezcan ellos intrínsecamente, en una palabra como hechos comprensibles racionalmente.

LA CIENCIA COMO DISCIPLINA

Sin embargo, tal proceder carecería de valor si se descuidara otro aspecto de la ciencia que no hemos tenido en cuenta aún en nuestra dilucidación, a saber, la mayor exactitud posible en el establecimiento de los hechos. Exigiendo exactitud, la ciencia se pone a resguardo de los sentimientos personales del hombre de ciencia. Una teoría debe ser exigida por los hechos; a su vez ésta demanda hechos y si éstos no corresponden exactamente con ella, la teoría es o errada o incompleta. En este sentido la ciencia es disciplina. No podemos hacer lo que nos place sino lo que los hechos reclaman. El éxito de las ciencias no ha halagado la vanidad y el orgullo; pero nada más fuera de lugar que esa vanidad. El mejor amo es aquél que es el mejor sirviente. Una y otra vez comprobamos, a medida que avanza el conocimiento, cuánta es nuestra facilidad

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cojear Y tropezar; una y otra vez vemos cuán difícilmente hacer conocimiento; cómo debemos darles a nuestros pentiempo para crecer y madurar. Por lo tanto, la búsqueda conocimiento, en vez de hacernos soberbios y jactanciosos, dehacernos modestos y humildes.

FUNCION DE LA CIENCIA

suma: la adquisición de conocimiento podría ayudarnos a nuestro mundo desintegrado; nos enseñaría la fuerza de las relaciones objetivas, independientemente de nuestros y perjuicios; nos señalaría nuestra verdadera posición en el y nos haría respetuosos y reverentes frente a las cosas animae inanimadas que nos rodean. LA FUNCION ESPECIAL DE LA PSICOLOGIA

Esto es verdad respecto a todas las ciencias. ¿ Qué fin especial reclamar para sí la psicología? Para enseñarnos humildad ciencia puede desempeñarse mej or que la astronomía y la habituadas a manej arse con tiempos y distancias que el alcance de nuestra imaginación? Y ¿ qué ciencia disciplinarnos más que las matemáticas puras con su exigende pruebas absolutas? ¿ Podríamos, pues, sostener que la psies particularmente apta para esa tarea de reintegración, y así al interrogante de que partimos? Creo que podemos pues en psicología arribamos al punto donde se interceplas tres grandes provincias de nuestro mundo, las provincias llamamos naturaleza inanimada, vida y espíritu. NATURALEZA, VIDA, ESPIRITU

La psicología se ocupa del comportamiento de los seres vrvienDe modo que, como toda ciencia biológica, se encara con el de la relación entre la naturaleza animada y la inanimada, se dé cuenta de este problema y se interese en él o no. Mas, el psicólogo, un aspecto especial del comportamiento, el vulllamado mental, asume una importancia suprema. No es

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éste el lugar para discutir la conciencia y el pensamiento como tales. Otros capítulos mostrarán el uso que hacemos de estos conceptos. Pero no rechazaremos de primera intención una distinción que se da tanto en nuestra lengua corriente como en la terminología científica. Todos entendemos qué se quiere significar cuando se dice que un pugilista fué derribado y no recobró la conciencia hasta seis minutos después. Nosotros sabemos que durante estos seis minutos críticos el luchador no cesó de vivir sino que careció de un aspecto particular del comportamiento. Además, sabemos que la conciencia en general, y cada función consciente específica, en particular, están estrechamente relacionadas con los procesos del sistema nervioso central. Así, el sistema nervioso central viene a ser el punto crucial donde espíritu, vida y naturaleza inanimada, convergen. Podemos investigar la constitución química del tejido nervioso sin hallar ningún componente que no hayamos encontrado en la naturaleza inorgánica; podemos estudiar la función de este tejido y encontraremos que tiene todas las características del tejido vivo; y, finalmente, existe la relación entre la función vital del sistema nervioso y la conciencia. Dos tipos de soluciones rechazadas, para los problemas involucrados en esta relación, Cualquiera que asegurase haber encontrado una solución completa y verdadera a nuestros problemas, podría exponerse a la justa sospecha de que es un tonto o un charlatán. Estos problemas han ocupado el pensamiento de los hombres más capacitados por espacio de miles de años y es así más inverosímil que pueda encontrarse una solución de otro modo que no sea por un acercamiento lento y gradual. Lo que pienso acerca del modo de esta aproximación lo diferiré nuevamente para la parte final de la obra. MATERIALISMO. Aquí rechazaré, empero, dos tipos de soluciones ofrecidas. La primera es la del crudo materialismo que tuvo gran influjo a mediados del siglo pasado y encontró su expresión más popular en una obra que, alrededor del 1900, constituyó un notable éxito de venta y está hoy prácticamente olvidada. Me refiero a El enigma del universo de Haeckel. No aseguraría que los Estados Unidos no estén sintiendo todavía la última ola decreciente de esta marea que alcanzó las costas del Nuevo Mundo mucho tiempo después de que su cresta pasara por el Viejo. Esta solución

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terialista es asombrosamente simple. Ella nos dice: el problema totalmente ilusorio. No hay tres clases de sustancias o modos de 'stencia, a saber: materia, vida y espíritu; hay una sola que es materia, compuesta de átomos que giran ciegamente y que, a llsa de su gran número y del largo tiempo disponible constituII toda suerte de combinaciones, y entre ellas, ésas que llamamos imales y seres humanos. El pensamiento y los sentimientos son, ~ll.~s, meros movimientos de átomos. Inmiscuíos con la materias del cerebro y vereis lo que queda de la conciencia. A pesar de haber resado esta opinión con tanta crudeza, creo haberlo hecho cotamente, sobre todo si añado que dicha opinión no es una mera vicción científica sino, también, un credo y un anhelo. Es la rehen de una generación que vió a una iglesia, fuertemente atrincheraa, aferrarse a dogmas que la ciencia, creciendo como un joven gigan~~'. había aplastado .1•• , una generación que, frente al triunfo de la ciencia sobre los problemas técnicos, se había envanecido perdiendo el sentimiento de reverencia que debe acompañar a todo óIlocimiento verdadero. Así como los bárbaros victoriosos, ya se litase de vándalos o de calvinistas, destruyeron entera y apasionadaente las creaciones más caras a sus enemigos vencidos, así nues(lS materialistas lanzaron su odio contra aquellas partes de la filosohumana que apuntaban allende el límite de sus estrechas conciones. El nombre de filósofo era un insulto y ser creyente era ocarse entre los intocables. Ya no les guardo rencor a estos hombres, máxime cuando veo estrechez de pensamiento y su corta estatura, pues creo que lgré lui sirvieron a buen fin. En efecto, ayudaron a formar grupo de gente capacitada, lo bastante fuerte como para hacer rente a la injustificable interferencia de una iglesia reaccionaria, y antenerse en su propio camino, educando a la nueva generación" ibre de restricciones teológicas y sin fines interesados, por lo tanto, OCla'Ll fásica no es un datum sino un constructum. Esta confusión las cosas más oscuras y la oscuridad general se acrecienta, a vez, por el uso de la palabra estímulo, cuyas vicisitudestfataremás adelante; Aquí sólo quiero señalar que es fácil elaborar

Este criterio es con igual validez aplicable a la definición de Tolman "discriminanda" y "capacidades descriminanda" págs. 86 s. y 91. Véase . Koffka, 1933, p. 448.

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una psicología sin conciencia si uno no se da cuenta de que el propio ámbito de uno es de conducta (consciente) y no geográfico (físico). Agregaré que hay una excusa para el error de los conductistas en la forma tradicional de encarar la conciencia, hecho éste de que nos ocuparemos más adelante. Sin embargo, considerando los posibles malentendidos, usaré el término conciencia con la menor frecuencia posible. De tal modo, como nuestra expresión ámbito de la-conducta incluye sólo una parte de lo que se quiere significar por conciencia, escapará a los malentendidos; Kóhler (1929) ha usado como plenamente equivalente a conciencia, la expresión "experiencia directa", que también adoptaremos para usarla oportunamente. La nuestra tiene la ventaja de señalar el sitio exacto que le corresponde en el sistema, o sea, entre el ámbito geográfico y la conducta. .

El ámbito de la conducta como parte de la experiencia directa. Pero, como dije, es incompleto; la conciencia abarca más que el ámbito de la conducta. Y no será superfluo indicar ahora, al menos, la dirección en que puede completarse, aunque durante buen rato todavía nos ocuparemos solamente del ámbito conductal. Esta dirección se dejará ver si sometemos nuestro término conducta al mismo análisis que realizamos a propósito del términc ámbito. Por cierto que podemos describir la conducta refiriéndola a cualquiera de los dos ámbitos, pero tales descripciones a menudo serán contradictorias entre sí. Pero concuerden o no, la conducta en sí misma debe tener un sentido distinto en estas dos descripciones: dado que el ámbito conductal y el geográfico pertenecen a dos universos diferentes, las conductas que acontezcan en ellos deberán pertenecer igualmente a dos universos distintos. El hombre que cabalgaba por el Lago Constanza es un buen ejemplo: su ámbito geográfico era un gran lago; su ámbito conductal, una llanura vulgar cubierta de nieve; por consiguiente, como ya hemos señalado, aunque con respecto a su ámbito geográfico su conducta fué cabalgar sobre el lago, su conducta, respecto a su ámbito de conducta, fué cabalgar por el llano. O en términos comunes: él pensaba que cabalgaba sobre tierra firme; no tenía noción de que cabalgaba sobre una delgada capa de hielo. De modo que a primera vista parece que la distinción entre nuestras dos conductas fuese completamente análoga a aquélla entre nuestros dos tipos de ámbitos: aquí las cosas según parecen y según son realmente; allí la actividad como el actor piensa que

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es y como es en realidad. Sin embargo, la similitud no es tan grande como aparenta. Tomemos otro ejemplo: observamos a tres ratas en el mismo laberinto, cada cual partiendo de un extremo y finalmente emergiendo en el otro. Entonces, en cierto modo, ~dríamos decir que las tres ratas han corrido a través del laberinto, lo cual sería una afirmación de índole geográfica. Pero nuestra observa- .U~ll ción nos convence de que ha habido diferencias obvias en su conducta: una corrió en busca de alimento, otra para explorar, la tercera por ejercicio o por intranquilidad general. Estas características se refieren a la conducta dentro de un ámbito conductal. Una rata que corre en busca de comida no procede así sólo desde el momento en que está suficientemente cerca como para verla u olerla, sino (lesde el comienzo. La obra de Tolman proporciona amplias demostraciones experimentales de esta .afirm~ción. Sin embargo, la primera parte del laberinto geográfico no contiene el alimento, ni ningún estímulo que emane de él. Si aun así la conducta está dirigida hacia la comida, debe estarlo dentro del ámbito conductal. Lo mismo sucede con la conducta de exploración. Directamente, sólo nos es posible explorar nuestro ámbito conduce indirectamente, sólo el geográfico, a través de la conducta. Y en el último caso, la conducta por ejercicio o por intranquiliacaece en el ámbito de la conducta, dado que está regulado por Ahora bien; en todos estos casos, no sería ya una verdadera descrrpcton de los tipos de conducta decir: La conducta en el árnbigeográfico es la actividad real, y en el de la conducta, lo que el cree que es. Pues una conducta por excitación es realmente por excitación; una de exploración es realmente de exe incluso una actividad guiada por el alimento es realguiada por el alimento, aunque el experimentador haya sacacomida del comedero. En este último caso, también es vercierto, que el animal no corre hacia la comida, puesto que geográficamente no hay tal comida, y en cierto sentido nuestra cabe aquí como cupo en el caso del lago Constanza. Pero ya deja de ser una descripción de la conducta: Trataré de aclararlo con un ejemplo: una pelota se desliza por un plano para caer, finalmente, en un hoyo. Ahora bien; en el puede haber agua o no y, por tanto, puedo decir que la cae en un hoyo con agua o sin ella. Pero esta diferencia no su movimiento hasta no haber alcanzado esa posición en el donde el agua aparece en un caso y en el otro no. Por lo

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que atañe al resto del movimiento, la presencia o ausencia de agua no viene absolutamente al caso; del mismo modo, el caso de la rata que no corre en dirección a la comida cuando el experimenta. dor acaba de retirársela, no tiene nada que ver con el correr de la rata hasta que se halla bastante cerca como para advertir la ausencia de la comida. CONDUCTA y ACTUACIÓN. Si la descripción de la conducta con referencia ai ámbito geográfico no es verdaderamente una descripción de la conducta, ¿ cuál lo será entonces? A fin de simplificar nuestra terminología, de ahora en adelante llamaremos a la conducta con respecto al ámbito geográfico "actuación", y a la conducta con respecto al ámbito de la conducta, simplemente conducta o comportamiento. El término "actuación" indica directamente la manera de describir la conducta con referencia al ámbito geográfico, pues las consecuencias de la conducta, actúan, como hemos señalado, provocando cambios en el medio geográfico. A menudo nos interesamos por estas consecuencias que se deben a la actuación de un animal. Pero justamente vimos que el conocimiento de la actuación de un animal no es conocimiento de su conducta. Daré un asombroso ejemplo donde actuación y conducta, en cierto sentido, son opuestos entre sí. Supongamos que veo a una persona parada sobre una roca que yo sé que será volada de un momento a otro. Como estoy demasiado lejos como para poder explicarle el peligro que corre, le grito todo lo fuerte e imperativamente que me es posible: " j Venga acá, rápido!" La persona si se impresiona suficientemente con mi conminación, comenzará a correr hacia mí, y esto será conducta, pero geográficamente, al correr hacia mí, se aleja del punto peligroso; geográficamente hablando, estas dos descripciones son absolutamente equivalentes. Si ulteriormente, empero, relato este incidente, diré que la persona se alej ó antes de ocurrir la explosión. Yo describo su-actuación y no su conducta; esta última fué un desplazamiento hacia algo, el primero un desplazamiento desde algo. Si ésta fuera la relación normal entre conducta y actuación, el mundo sería en verdad un lugar extraño y, ciertamente, no cabría en él desarrollar el concepto de sentido. Sería el mundo de los cuentos de hadas; piénsese en Aladino que frotó la lámpara y provocó así la aparición del genio. Veremos que los experimentadores frecuentemente han puesto animales en situaciones en que la conducta y la actuación estaban ligadas de una manera similar a la del frotamiento de la lámpara y la aparición del genio. Pero

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aunque, como regla, la conducta y la actuación no permanecen unidas en esta forma característica de los cuentos de hadas, la relación entre actuación y conducta es, en cierto sentido, semejante a aquélla entre el ámbito geográfico y el de la conducta: si conocemos un miembro de cualquier par, no por eso conocemos el otro. Pero mientras la primera relación es decididamente uno de los más. importantes problemas de la psicología, la segunda no ocupa una posición tan simple. Como cuestión gereral,· tal cual puede ser deducida de nuestros últimos ejemplos, estrictamente hablando, no le incumbe en absoluto a la psicología. Hay sí un punto de cierto interés que retomarem~ nuevamente; más aún, ya que la relación entre actuación y conducta no es, como regla, del tipo de la de los cuentos de hadas, a menudo podemos extraer inferencias de la actuación y aplicarlas a la conducta y su ámbito. El método objetivo en su totalidad hace uso de esta posibilidad; el tiempo que toma una rata para cruzar un laberinto, el número de errores que comete, en qué callejones sin salida entra y en cuáles no, todos estos hechos nos dan claves para una interpretación de la conducta y de su ámbito, pero ellos no son, en sí, conducta. Ya vimos que el único sistema de referencia propio para describir la conducta es el ámbito conductaI. Y de este modo no hemos podido ni resolver el problema planteado al comienzo de esta larga elucidación; esto es, completar nuestro concepto del ámbito de la conducta, ni tornarlo comprensible como los conceptos de experiencia directa o conciencia. Retomaremos ahora esta cuestión. NUESTRAS FUENTES DEL CONOCIMIENTO CONDUCTAL. ¿Cómo hemos adquirido conocimiento de la conducta? La conducta de un animal es parte de nuestro ámbito conductal, y lo conocemos como tal, junto con todos los otros objetos y acontecimientos de nuestro ámbito de conducta. El asunto de cómo podemos conocer la conducta real no es, por tanto, diferente en principio de la cuestión de cómo conocemos cualquier realidad no perteneciente a la conducta. Este problema no nos ocupará por el momento; no podríamos responder a él hasta tanto hayamos aprendido algo de la relación general entre nuestro ámbito geográfico y el conductaI. Por el momento nos bastarán dos observaciones: 1) Que debemos presumir la existencia de la conducta real como presumimos la existencia de mesas, libros, casas y animales reales. 2) Dado que mostramos que la conducta es siempre conducta en un ámbito conductal, no el sino el del animal que actúa, nosotros podemos sentar una

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de las objeciones levantadas anteriormente contra nuestro proceder, o sea, que es antropomórfico. Nosotros observamos la conducta de un animal en nuestro ámbito conductal. Si nosotros presumimos, sin otra evidencia, que nuestro ámbito conductal y el del animal son idénticos, entonces, ciertamente, no podríamos hacer la acusación de antropomorfismo. La presunción, por otra parte, de que el animal se comporta en un ámbito conductal, es decir, el suyo propio, no es nada antropomórfica. Hasta dónde este ámbito es idéntico al nuestro, en cuáles aspectos característicos difiere, son problemas muy importantes por cierto; y en su solución debemos cuidar de evitar el antropomorfismo. Mas retornemos a nuestro razonamiento principal: sobre la base de la conducta de un animal en nuestro ámbito conductal, y por métodos más indirectos, inferimos la naturaleza de la conducta real del animal. Pero nosotros también nos conducimos y tenemos conocimiento de esta conducta. La encontramos acaeciendo en nuestro ámbito conductal, pero la palabra "en" tiene ahora un sentido distinto del que tenía cuando hablábamos de la conducta de otro animal que tenía lugar en nuestro propio ámbito de conducta. El animal es una parte de nuestro ámbito conductal, nosotros mismos somos el centro de nuestro ámbito, aunque no "de él'. El ámbito es siempre un ámbito de algo; así, mi ámbito conductal es el ámbito mío y de mi conducta. Tanto como lo conozco, me conozco a mí mismo y mi conducta en él. Unicamente incluyendo este conocimiento en el ámbito conductal lograremos una completa equivalencia con lo que Kohler llama experiencia directa, o lo que se llama conciencia. Este conocimiento incluye, para enumerar unos pocos ítems, mis deseos e intenciones, mis éxitos y desengaños, mis penas y alegrías, mis amores y odios, pero también mi hacer ésto y no aquéllo. He aquí un ejemplo de esto último; mi amigo me pregunta, ¿/'Quién es la dama por la que te quitaste el sombrero ?", yo contesto, "No me quité el sombrero por ninguna dama; me lo saqué simplemente porque me apretaba la cabeza". CONDUCTA REAL, FENOMENAL Y APARENTE. Podemos introducir ahora, una nueva terminología. Hemos visto que debemos distinguir dos clases de conducta de la conducta real, a saber, mi conducta en el ámbito conductal de algún otro y mi conducta en mi propio ámbito conductal, o, intercambiando los sujetos, la conducta de algún otro en mi ámbito conductal y su conducta en su propio ámbito conductal. Nesotros llamaremos al primero de cada

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par, conducta aparente, y al segundo fenomenal o experimentado. La conducta aparente puede, como muestra nuestro ejemplo del sombrero, llevar a error con respecto a la conducta real, pero también podría haber sido una guía segura, verbigracia, si realmente hubiese saludado a una dama. La conducta fenomenal, por otra parte, era un índice seguro. No hay duda de que la conducta fenomenal es un indicio muy valioso para nuestro conocimiento de la conducta real. Mientras que la relación de la conducta apa· rente con la real es del mismo tipo que aquella entre el ámbito de la conducta y el geográfico, la relación entre conducta fenomenal y real es de muy distinta naturaleza. Hasta cierto punto, la conducta real se revela en la conducta fenomenal; pero sólo hasta cierto punto, pues la conducta fenomenal nunca revela más sqne una fracción de la conducta real, y esta fracción no siempre es la más importante. Retomaremos este punto más adelante. Ahora extraemos la conclusión de que podría ser tan errado desechar la conducta fenomenal por nuestro conocimiento de la conducta real, utilizarlo exclusiva y ciegamente. Conducta y ámbito. Resumen. En conclusión, podemos esquemanuestros descubrimientos acerca de la conducta real y el (ver Fig. 2). G es el ámbito geográfico que produce AC, ámbito de conducta; en éste, y regulado él, tiene lugar la CR, conducta real, y de él se revelan en CF, conducta ferioEn cierto sentido AC, CR y CF, acaedentro del organismo real OR, pero no el yo fenomenal, que pertenece a CF. OR afectado directamente por G y actúa a Fig. 2 vez sobre G, a través de CR. Nuestro esno indica la dependencia de la conducta. Mas al afectar a G, acontecen dos cambios más: AC cambia y el yo fenomenal Cuando el mono ha comido la fruta, su ámbito de conducse ha tornado "desprovisto de fruto" y él mismo, "satisfecho".

EL CONCEPTO DE CAMPO

Hemos aclarado hasta aquí, el concepto de conducta masiva; visto que tiene lugar en un ámbito conductal y que lo conocemos de dos maneras: la una revelando una conducta masiva

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aparente, el de los demás; la otra, conducta masiva fenomenal, el de nosotros mismos. Ambos tipos de conocimiento serán usados para una comprensión o explicación de la conducta masiva real. Más aún, hemos logrado dar un vistazo al aspecto dinámico de la conducta masiva real. En esta forma hemos echado los cimientos para la psicología como ciencia de la conducta masiva. Elaboraremos ahora este punto. ¿ Cuáles han de ser los conceptos fundamentales de nuestro sistema? Uno de los postulados de nuestra psicología era que debía ser científica. Por tanto trataremos de encontrar algún concepto fundamental de la ciencia que podamos aprovechar en nuestra tarea. Una breve excursión por la historia de la ciencia nos conducirá a nuestro objeto. ¿ Cómo explicó Newton el movimiento de los cuerpos? Según él, cada cambio de movimiento es debido a una fuerza que surge o de un impacto (dos bolas de billar) o por una atracción ejercida mutuamente entre sí por los cuerpos, de acuerdo con la ley de gravitación que proporciona una fórmula cuantitativa de esta fuerza. Newton suponía que esta fuerza actuaba sin tiempo; producía una acción a distancia. Allí está el sol, aquí la tierra, nada entre ellos sino el espacio vacío, nada que medie entre la fuerza de atracción del sol sobre la tierra y viceversa. Cuando mucho después se descubrieron las leyes de atracción y repulsión eléctricas y magnéticas y demostraron ser cuantitativamente idénticas a la ley de gravitación de Newton, se les dió la misma interpretación: y así fueron interpretadas como acciones a distancia. Esta concepción de una acción atemporal no era del todo del gusto de Newton; pero la formuló porque no vió otra posibilidad, aunque por el tiempo en que se descubrieron las primeras leyes sobre la electricidad habíase convertido en un juicio fenomenal establecido, con toda su secuela de intereses creados, dentro del sistema de-Ia ciencia. Por eso, un joven cuyos brillantes experimentos en el campo de la electricidad y el magnetismo habían sido debidamente reconocidos, sólo encontró un gran desprecio cuando trató de explicar sus resultados en términos diferentes que excluían toda acción a distancia y explicaban la atracción y repulsión eléctricas de dos cuerpos por procesos que tenían lugar en el medio que los separaba, el dieléctrico, propagándose en el tiempo y de un lugar a otro. Pero las ideas de Michael Faraday fueron recogidas y elaboradas por Clerk Maxwell, quien les dió forma matemática, introduciendo los términos más generales: campo eléctrico y campo magnético para las líneas de fuerzas y pudo deducir la velocidad de la propagación de las fuerzas eléctricas y magnéti-

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cas, que resultó ser, en el vacío, igual a la velocidad de la luz. Los creyentes en la acción a distancia se opusieron violentamente, pero fueron desplazados de sus posiciones en los campos de la electricidad y magnetismo, y el ataque tuvo una tregua temporaria. Una fortaleza quedó en manos del enemigo: la gravitación de Newton. y sólo a comienzos de este siglo la ciudadela fué forzada a capitular. En la concepción relativista de la gravitación las acciones a distancia desaparecen como habían ya desaparecido del electromagnetismo y el campo gravitacional ocupó su lugar. El espacio vacío como mera nada geométrica se desvaneció de la física, siendo reemplazado por un sistema gravitacional y electromagnético de tensiones y deformaciones distribuídas de determinada manera, lo que constituye la verdadera geometría del espacio. Y es la distribución de tensiones y deformaciones en un ámbito dado la que va a determinar cómo se comportará cada cuerpo, dada su constitución en el mismo. Inversamente, cuando conocemos un cuerpo y observamos cómo se comporta en cierto campo, podemos deducir las propiedades del campo. De este modo descubrimos el campo magnético de tierra observando la conducta de las agujas magnéticas en diferentes lugares, sus declinaciones e inclinaciones; del mismo modo el campo gravitacional de la tierra midiendo el período un péndulo de una longitud dada en diferentes lugares. De modo que el campo y la conducta de un cuerpo son correComo el campo determina la conducta de los cuerpos, esta conducta puede ser utilizada como indicadora de las de las propiedel campo. La conducta del cuerpo, para completar el razonano significa sólo su movimiento con respecto al campo, se igualmente a los cambios que experimenta el cuerpo; v. g., trozo de hierro se magnetiza en un campo magnético.

EL CAMPO EN LA PSICOLOGIA

Retornemos a nuestro propio problema. ¿Podemos introducir la psicología el concepto de campo, entendiendo por él un sistema tensiones y deformaciones que determina la conducta real? Si tendríamos al mismo tiempo una categoría general y para todas nuestras explicaciones, debiendo encarar dos de problemas, los mismos que enfrenta el físico: esto es, 1) es el campo en un momento dado, 2) qué conducta debe resulde un campo dado.

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El ámbito conductal como campo psicológico. ¿Pero dónde encontraremos un campo que desempeñe en psicología el papel de los campos en la física? Que debe haber un campo distinto se desprende de nuestra dilucidación previa. El campo físico es el campo del ámbito geográfico, y hemos demostrado que la conducta debe ser explicada por el ámbito conductal. ¿Va a ser éste, entonces, nuestro campo psicológico? Probemos lo que resulta de esta pre· sunción. Implica que nuestro ámbito conductal, en tanto determinante y regulador de la conducta, debe estar dotado de fuerzas. Porque nos aferraremos al axioma: ningún cambio de movimiento sin una fuerza. ¿Elimina este principio el ámbito conductal como el campo que nosotros necesitamos? De ningún modo. Cuando describimos adecuadamente nuestro ámbito conductal no debemos limitarnos a indicar meramente los objetos que están en él sino también sus propiedades dinámicas. Analizaremos una porción de ejemplos. Imaginémonos tomando sol en un valle o una playa, descansando plácidamente en paz con el mundo. No estamos haciendo nada y nuestro ámbito no es más que un suave manto que nos envuelve, dándonos sosiego y amparo. Súbitamente oímos un grito: "j Socorro! j Socorro!" j Cuán diferentes nos sentimos y cuánto se transforma nuestro ámbito. Describamos las dos situaciones en función del campo. Primero el campo era, para todos nuestros intentos y propósitos, homogéneo, y estábamos en equilibrio en él. Ni acción, ni tensión. De hecho, en tal situación aun la diferenciación del yo y su ámbito tiende a hacerse borrosa; yo soy parte del paisaje, el paisaje es parte de mí. Y luego, cuando el agudo y penetrante sonido traspasa la adormecedora quietud, todo cambia. Mientras que antes todas las direcciones eran dinámicamente iguales, ahora hay una dirección que sobresale, una dirección hacia la cual somos empujados. Esta dirección se carga de fuerza, el ámbito parece contraerse: es como si una grieta se hubiese formado en una superficie plana y una fuerza nos compeliese a ella. Al mismo tiempo se produce una tajante diferenciación entre nuestro yo y la voz, y un alto grado de tensión surge del campo entero. . Si aprovechamos este ejemplo para la descripción de campos, en lo que se refiere a su homogeneidad o heterogeneidad, veremos que los primeros son mucho más raros que los segundos, particularmente para nosotros, hombres superactivos de la civilización occidental. Puesto que la acción supone campos heterogéneos, campos con líneas de fuerza, con cambio de potencial, Una descripción de campo muy buena y muy instructiva, con un tipo simple de Iiete-

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rogeneidad, ha sido dada por Lewin en su tratado sobre el paisaje de la guerra (1927). Aquí se trata de un campo que, aparte de todos los detalles, tiene una estructura polar en una dirección: el terreno enemigo por un lado y el hogar y la seguridad por el otro. Esta propiedad vectorial es una característica primaria y determina el campo entero, no estando enteramente libres de ella las otras características. Un artículo de H. G. Hartgenbusch sobre la psicología del deporte, contiene una cantidad de ejemplos muy instructivos. El autor describe su propia experiencia, o campo de conducta, durante la práctica de varios deportes distintos. He seleccionado algunos ejemplos tomados del fútbol y uno del levantamiento de pesas. "Míentras ellos (los jugadores de fútbol) se mueven hacia el arco enemigo, verán la cancha como un campo de líneas cambiantes cuya dirección principal los guía hacia la valla" (1927, p. 50). Estas líneas son verdaderas líneas de fuerza en un campo de conducta que cambia continuamente con la variable configuración de los jugadores, y dirige sus acciones. "Todos los actos motores de los jugadores (al cambiar de dirección en el campo) están relacionados con el cambio de dirección visual. No se trata ciertamente de un caso de pensar lógico, ya que los pensamientos, en sentido vulgar, son ajenos al jugador. El nada sabe de ellos; en su estado de tensión la situación visual produce el acto motor directamente". Debemos preceder nuestros próximos ejemplos de una observación más general. Nuestro ámbito conductal contiene cosas y los vacíos correspondientes entre ellas. En general, las fuerzas que regulan nuestra conducta se originan en las primeras y no en los últimos. Si esto es debido a la experiencia o no, es cuestión que debemos plantear, aunque una respuesta afirmativa no parece conciliable con el hecho, p. ej., de que el ciclista principiante sea atraído por toda suerte de objetos, si bien la experiencia debe haberle enseñado los contundentes efectos de una colisión. Aun así, cada objeto saliente de su ámbito conductal lo atraerá, sea éste una mujer que lleva un cochecito o un pesado autocamión. El mero hecho de hablar de objetos "salientes" en un ámbito, indica heteo rogeneidad: donde está el objeto hay más que donde está el vacío. Por supuesto, el vacío puede tornarse la parte más saliente, y entonces hay más en el vacío que en los objetos de alrededor; es decir, el vacío es ahora el centro de atracción. Otra cita de Hartgenbusch puede aclarar este punto: "El arco enemigo visto desde

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el lado atacante estaba aparentemente amurallado, excepto por un pequeño agujero en la izquierda. Desde mi posición detrás del arco amenazado, veo cómo el medio zaguero izquierdo enemigo toma la pelota, fija la vista en el agujero y con todas sus fuerzas patea la pelota a través del único punto abierto." Cuando ulteriormente le pregunté qué había sentido en aquel momento, el afortunado jugador replicó, 'Yo sólo vi un agujero'. "No obstante, el fútbol también da evidencia de nuestra proposición, o sea que más bien son los objetos los puntos dominantes, los centros de fuerza, y no los vacíos. Además, los jugadores deben aprender a fijarse en el espacio vacío y olvidarse del arquero: "Cuando un experto sigue atentamente un partido de fútbol, siempre notará que el arquero, parado frente a un arco relativamente amplio, es a menudo mucho más golpeado de lo que se puede calcular por los meros puntapiés accidentales de los contrincantes" (p. 49), aun previsto el hecho de que el arquero, toda vez que pueda, tratará de interceptar la pelota. Nuestro autor continúa luego: "El arquero constituye un punto saliente en el espacio, que atrae los ojos de los jugadores contrincantes. Si la actividad motriz tiene lugar mientras los ojos del jugador están fijos en el arquero, entonces la pelota genereshente irá a dar junto a él. Pero cuando el jugador aprende a reconstruir su campo, a desplazar el «centro de gravedad» fenomenal del arquero a otro punto del espacio, el nuevo «centro de gravedad» tendrá la misma atracción que tuvo antes el arquero." El siguiente ejemplo de Hartgenbusch agrega un nuevo punto, además de dar una bonita ilustración del hecho de que la conducta acaece en un ámbito conductal, También éste requiere una breve introducción. Si ejercitamos nuestra fuerza muscular, digamos le· vantando pesas, debemos mantener nuestro cuerpo en equilibrio; esto presupone cierto tono general de nuestra musculatura, determinado por nuestra tarea y por las condiciones mecánicas bajo las cuales tiene lugar el ejercicio. El punto claramente señalado por Hartgenbusch es que este equilibrio del cuerpo, esta forma peculiar de fijarlo en el suelo, no depende sólo del ámbito geográfico, sino también del de la conducta, aun en aquellos aspectos que no acarrean efectos directos mecánicos o gravitacionales. Hartgenbusch nos habla de una competición entre "grandes atletas" donde las performances, contra todo lo esperado, no alcanzaron siquiera los ti:

3 Modificado de conformidad con el original. El término inglés sirve para un juego rudo pero no tonto.

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récords anteriores. "Uno de los competidores encontró la solución del enigma. El lugar donde la competición tuvo lugar fué una sala tan fuertemente iluminada que no había ningún punto fijo visible donde los levantadores de pesas pudiesen posar la vista... La estabilidad correspondiente a una orientación fija en el espacio, necesaria para el levantamiento de grandes pesos, no pudo lograrse en las condiciones existentes dentro de una sala brillantemente alumbrada, y en consecuencia, los récords esperados no se produjeron" (p. 49). De tal modo, vemos que los objetos de la conducta son dinámicos no sólo en el sentido de que encaminan la conducta en varias direcciones, sino también porque pueden dar dominio, estabilidad y equilibrio. Mis ejemplos deben haber mostrado el sentido del término campo de la conducta con sus propiedades dinámicas y la utilidad de este concepto. Hay muchas ramas de la psicología donde la explicación no necesita ir más allá, otras donde sólo necesitará un ligero suplemento. Así la descripción de una mentalidad diferente de la propia, ya sea la de los niños, o la de pueblos primitivos, será completa si los campos de conducta de estos seres, junto con la conducta que estos campos demandan, son descritos correctamente. Una labor como la realizada por Lévy-Bruhl sobre los primitivos y por Piaget sobre los niños es, precisamente, esa descripción. La cuestión de si las descripciones de Lévy-Bruhl y Piaget son correctas o no, no tiene cabida aquí, pues aun cuando fuesen erradas, la descripción verdadera sería del mismo tipo; sería la descripción del campo de un ámbito de conducta con los yo dentro. La teoría de la conducta de acción y emoción de Lewin, contiene este campo de la eonducta como núcleo, aunque deba franquear sus límites. Finalmente, cuando nosotros o los novelistas o los historiadores describimos la conducta, lo hacemos en función de las fuerzas del ámbito de conducta, aun cuando nosotros, e igualmente usamos terminologías enteramente diferentes.

Insuficiencia del ámbito conductal como campo psicológico. No obstante, hay razones decisivas para que no podamos aceptar el ámbito de la conducta como aquel campo psicológico que va a ser nuestra categoría explicatoria fundamental. Ellas derivan de tres fuentes: 1) la posición ontológica del ámbito de la conducta, 2 ) la relación entre los ámbitos de conducta y geográfico, 3) la insuficiencia del campo de la conducta. Analicémolas una por una.

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1) POSICIÓN ONTOLÓGICA DEL ÁMBITO CONDUCTAL. Estoy seguro de que al leerse la descripción de las propiedades dinámicas del ámbito de la conducta debe de haberse sentido cierta sensación de repugnancia al aceptar el ámbito de la' conducta como si se tratase de un concepto verdaderamente explicatorio. Quizá se haya dicho que estoy usando una palabra con un significado bien definido en un contexto donde no puede caber tal significado. Me refiero a la palabra fuerza. "La fuerza -se puede argüir- tiene un significado definido en el mundo físico, pero ¿qué puede significar en el ámbito de la conducta? La fuerza pertenece decididamente al mundo físico, es algo construído y no dado; sin embargo, ha sido tratada como una, propiedad, también, del mundo de la conducta. Es llevada desde su propio universo a otro donde no cabe. Aunque las descripciones sean adecuadas, aunque se admita que uno puede hablar de la fuerza de atracción ejercida por un señuelo, de la fuerza de repulsión ejercida por un peligro, esto no sería más que una descripción; mientras que fuerza en física es un término explicatorio, la causa de los cambios. Pero, junto con el descriptivo, se ha introducido de contrabando el significado explicatorio en el mundo conductal. Y, hasta se han usado fuerzas conductales para explicar la conducta real, es decir, el movimiento físico, cuando está claro que el movimiento físico sólo puede ser producido por fuerzas físicas. Más aún, no se ha dicho dónde existe el mundo conductal, dónde está su posición y sitio ontológico. Hay dos sustancias, una física y otra mental, ¿ consiste el mundo conductal en esta última? Si así fuera, ¿implicaría este dualismo un interaccionismo entre mente y cuerpo? En tal sistema, ¿interferirían fuerzas meno tales con el orden físico de los sucesos? Resulta claro que esta interacción no puede ser del tipo tradicional donde el alma como el yo, el uno mismo, entidad mental, controle las acciones del cuerpo, un ente físico; pues en este sistema, el cuerpo está también controlado por objetos mentales que pertenecen al yo. Pero aunque la interacción fuese de un nuevo tipo, todavía habría dualismo, y nosotros rechazamos, en la introducción, cualquier sistema que contuviese dominios de existencia separados". Admito cada palabra de este razonamiento, aunque debo mencionar que parece haber una posible vía de salida, la indicada por Lewin. Se puede argüir que términos como fuerza, campo y muchos otros, tienen un sentido mucho más lato que el que se les asigna en física, y que el último es sólo una posible especificación del primero. Unos simples ejemplos aclararán esto: si se llenan de agua dos recipientes hasta di.

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ferentes niveles y se comunican luego por la base, el agua pasará de un vaso al otro a causa de la diferencia de presión que da lugar a una fuerza. Este es un movimiento puramente físico; pero ahora consideremos este ejemplo: América tenía superabundancia de oro, mientras en Europa escaseaba sensiblemente; ¿qué sucedió? El oro cruzó el océano. ¿No es este ejemplo, en sus aspectos formales, completamente similar al hidrodinámico? Se produce un movimiento a causa de una diferencia en algo que se llama presión en el caso término que podría corresponder, también, al caso econóOtro ejemplo: En la Rusia Soviética ha surgido una nueva y demanda de todo tipo de artículos; la consecuencia es que fábricas están trabajando día y noche y que se construyen más más fábricas; en el resto del mundo la oferta excede a la dernancon el resultado de que más y más fábricas disminuyen su o cierran completamente... y esto no es una descripde nuestra crisis económica, sino un simple ejemplo. De modo debemos plantear la cuestión: ¿ Quién produce los artículos? máquinas en la fábrica; sí, pero también la demanda de ar; o sea, una fuerza muy diferente de la física y, sin embargo, en sus consecuencias. Resumiendo: así como hemos introun campo de conducta, podemos introducir un campo ecoy también este campo tendría sus líneas de fuerza, y, por ninguna objeción podría levantarse contra la inclusión de en el ámbito de la conducta, ni siquiera por atribuírseles la producción de movimientos corporales reales. La demanda hace gilas ruedas y los barcos transportan oro y mercaderías de costa costa. Las fuerzas económicas, entonces, que producen consecueñeconómicas, lo consiguen a través de movimientos físicos mediadores. Al mismo tiempo, el economista no presume la existencia una sustancia especial, digamos Comercio, con C mayúscula; del modo, el psicólogo que trata campos de conducta no necesita una sustancia especial, el alma. Este es un excelente razonamiento que puede llevar a consede gran alcance en la filosofía de la ciencia. Mas, persono lo encuentro del todo satisfactorio, puesto que, como deja en completa oscuridad la relación entre un tipo de efecto, físico, y el otro, el de conducta o economía. Yo quiero uno y el universo racional donde todos los sucesos puedan tener ya que la acción se define dentro de un solo universo discury no de uno al otro. La argumentación que tomé prestada de

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Lewin puede llevar a una definición de tal universo discursivo general y puede, por tanto, afectar radicalmente nuestra concepción de la realidad. Pero antes que este razonamiento se desenvuelva en un sistema consistente, epistemológico y metafísico, prefiero enfrentar la refutación que insinué podría alzarse contra mi uso de las fuerzas de la conducta de dos maneras diferentes. Como ya dije, admito la evidencia de este argumento; es decir, admito que en nuestras explicaciones definitivas no podamos tener sino un universo discursivo y que debe ser aquel del cual la física nos ha enseñado tanto. No sólo es la energía, consumida en nuestra conducta, de origen químico, sino que las fuerzas responsables de cada movimiento individual también deben ser consideradas como físico-químicas. El organismo es un sistema físico-químico por sí mismo, aunque dependa para su existencia del ámbito geográfico, y sus acciones deben ser explicadas esencialmente en función de los procesos que se realizan dentro de este sistema. Si una acción es reducible a una sucesión causal de procesos orgánicos, se torna claro, entonces, el por qué de la reducción a un solo universo discursivo, que sería aquel en que los movimientos reales tienen lugar. No sería entender bien la tendencia de este razonamiento, pensar que excluye el uso del concepto de campo. Todo lo contrario; la conducta debe ubicarse en el mundo físico, entonces el concepto de campo, instrumento tan poderoso en física, debe apli~arse a la conducta. Nuestro razonamiento niega, simplemente, que este concepto de campo pueda ser idéntico al concepto de ámbito de la conducta. 2) LA RELACIÓN ENTRE LOS ÁMBITOS CONDUCTAL y GEOGRÁFICO. Nuestra segunda razón contra esta identificación se basa en la relación entre el ámbito de conducta y el geográfico. Que el primero depende del último es una verdad innegable, aunque la forma de esta dependencia no es de ningún modo simple y categórica. Pero como este problema nos ocupará en el capítulo próximo, viene al caso un punto en esta relación: nosotros suponemos que es una relación causal, siendo el ámbito geográfico la causa de la conducta. Pero entonces aparece nuevamente la dificultad de que pertenecen ambos a diferentes universos racionales. Pues, ¿cómo puede una causa perteneciente a un universo lógico producir efectos en el otro? Todas nuestras leyes causales se refieren a fenómenos dentro del mismo universo lógico, y, por tanto, dado que el ámbito geográfico pertenece al universo de la física, exigimos que sus

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efectos le pertenezcan igualmente. De este modo, otra vez nos vernos arrastrados fuera del ámbito de la conducta; nos vemos compelidos a' sustituirlo por algunos fenómenos en el organismo físico real. Por supuesto, esta cuestión no siempre nos interesa. Nosotros daremos por sentada la respuesta o la dejaremos a la expectativa y nos ocuparemos de otros problemas. La ciencia siempre trabaja en diferentes planos, y la labor en los planos superiores puede proseguir por largo tiempo sin referirse a la labor en los inferiores. De este modo, la química ya era una ciencia muy avanzada antes de vincularse con la física, y aun hoy no es absolutamente posible reducir concretamente todos los fenómenos químicos de la acción de protones y electrones, aunque cada ciencia esté convencida que, en principio, tal reducción es posible. Nuestro razonamiento presente, por tanto, sólo significa que, como concepto fundamental en un plano inferior, el campo psicológico no puede ser idéntico al ámbito de conducta, pues, como concepto fundamental, el campo no puede darse por sentado, sino que debe estar relacionado causalmente con el ámbito geográfico. Al mismo tiempo hemos señalado que 1'1 psicología actúa en diferentes planos y que en algunos de ellos puede estar el ámbito de conducta, si no el campo entero, al menos una parte de él. 3) INSUFICIENCIA DEL ÁMBITO DE LA CONDUCTA. La totalidad de nuestra conducta no es explicable en función del ámbito conductal. Hay pOT lo menos tres tipos rliferentes de conducta para los cuales no puede encontrarse un ámbito conductal apropiado. Los analizaremos uno por uno. a) Los LLAMADOS REFLEJOS. En cada momento de nuestra vida, el tono de nuestra musculatura está perfectamente regulado. Si no lo estuviera, no podríamos ni sentarnos, ni pararnos, ni caminar. Pero todos estos a i ustes se cumplen sin que sepamos de ellos; no hay ámbito de conducta para ellos. Lo que es cierto de los reflejos tónicos puede aplicarse también a los llamados fásicos. Proyectarnos un fuerte rayo de luz en los ojos de una persona y sus pupilas se contraen; retiramos la luz y se dilatan nuevamente. Ahora bien; se puede decir que aquí existe un ámbito conducta] en tanto la persona vea la luz que viene y se va. Pero aun así, su conducta le es completamente desconocida; ella ignora totalmente los movimientos de las pupilas si no se lo dicen, y aun así, nunca llega a advertirlos. De este modo, aunque pueda existir un ámbito

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conductal en este caso, faltaría la conducta fenomenal. Por otra parte, que haya o no ámbito conductal no hace diferencia. Las pupilas de un boxeador que ha perdido el conocimiento todavía reaccionan. Es cierto, entonces, que si el concepto de campo se aplica a tales reflejos, no puede ser el mismo que el ámbito conductal. Se puede estar tentado, por supuesto, de excluir el concepto de campo de la explicación reflexológica; esto es lo que se ha hecho. Los reflej os eran el prototipo de la pura relación entre reacción y estímulo; y parecen casos patentes de conducta en un ámbito puramente geográfico. Ello implicaría que hay dos tipos de conducta entre los cuales puede establecerse una distinción tajante, el condicionado por el campo,' y el qúe no lo está; es decir, que habría conductas dependientes de un ámbito conductal y otras no. No obstante, no hay una separación tan absoluta. Una acción puede estar más o menos determinada por el ámbito de la conducta, sin que haya una línea de división precisa. En consecuencia, no debemos aceptar una conducta que no esté de algún modo condicionada por el campo. Pero entonces, su campo no puede ser el ámbito de la conducta.

b)

FUERZAS QUE DETERMINAN LA CONDUCTA DEL ÁMBITO CON-

Las fuerzas que determinan nuestra conducta no siempre serán aquellas que creemos determinantes. Podemos hacer algo a fin de agradar a X, como pensamos, cuando en realidad lo hacemos para molestar a Y, que no necesita estar presente, ni en nuestro pensamiento. El psicoanálisis, en sus varias formas, ha sacado a luz tales hechos, y su tendencia general quizá pueda considerarse la prueba de que todas nuestras acciones son de este tipo, reductibles a unas pocas fuerzas subterráneas totalmente ausentes de nuestro campo de conducta. Pese a todo lo que puedan haberse excedido los psicoanalistas, sigue siendo cierto que ese tipo de actos existe, que no pueden explicarse en función del ámbito de la conducta y que son tan semej antes al resto de la conducta que exigen un concepto explicatorio común. Dado que el concepto de campo es aplicable a toda conducta, otra vez parece que el campo psicológico no puede ser idéntico al ámbito de conducta.

DUCTAL.

c) MEMORIA. Por otra parte está la memoria. La memoria determina nuestro campo de conducta, pero no puede, en la medida que lo determina, utilizarse como argumento contra su universalidad. Que yo hable con A a quien conocí ayer, y no con B, a quien nunca

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vi antes, se debe al hecho de que A es, en mi ámbito de conducta, una persona familiar, y B un extraño. Mas hay otros casos en que la memoria determina la conducta sin la mediación de un campo conducta!' Los rápidos y exactos movimientos de un mecanógrafo no pueden explicarse en función del ámbito de la conducta actual, lo mismo que la ejecución de Kreisler o el juego de tenis de un Tilden o un Cochet. Todo un entrenamiento previo entra en sus rendimientos presentes, pero este entrenamiento no pertenece al actual ámbito conductal, La destreza no es, empero, el único efecto de la memoria que cae fuera del alcance del ámbito conductal. Pienso en una persona, una ciudad, una montaña, pero no puedo recordar su nombre. Hago un gran esfuerzo por traerlo a la memoria pero nada consigo. Así que abandono la búsqueda: y me dedico a otra cosa, cuando, repentinamente, aflora el. nómbre deseado. He aquí nuevamente un tipo de conducta que tiene lugar sin ámbito de conducta, pero que debe ser, aun así, el resultado de ciertas fuerzas operativas, un proceso como los demás procesos del campo. "INCONSCIENTE". Llamar a los hechos mencionados en b) y e) inconscientes o subconscientes, en nada nos ayuda. Aquí vemos la ventaja de nuestra terminología, pues mientras la palabra consciente permite la formación de nuevos vocab~ mediante la adición de prefijos como "in" y "sub", el ámbito conductal no puede convertirse en un "in" o "sub" ámbito conductal, sin perder totalmente su significado. Habiendo afirmado que la palabra conciencia sólo debe usarse como equivalente a experiencia directa, esto es, conteniendo el ámbito conductal y la conducta fenomenal del yo, debemos renunciar al uso de los términos inconsciente y subconsciente. No obstante, alguna razón habría para que estas voces fueran acuñadas y aceptadas tan ampliamente; ¿por qué no distinguen los .psicólogos simplemente entre consciente y procesos meramente fisiológicos? Creo que la respuesta estriba en el hecho de que los procesos fisiológicos no fueron tratados como procesos pertenecientes al campo, mientras que los procesos llamados inconscientes o subconscientes tenían propiedades bien definidas que en nuestra terminología llamamos propiedades de campo. Si conservamos entonces las propiedades del campo en los procesos fisiológicos, no nos sentiremos ya inclinados a hablar de procesos inconscientes. Si pasamos revista a los hechos presentados bajo el encabezamiento de "Insuficiencia del campo de la conducta", nuevamente nos veremos forzados a tornar a los hechos fisiológicos.

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Balance.

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¿Cuál es, entonces, el balance de esta dilucidación?

Hemos tenido pérdidas y ganancias. La ganancia consiste en el es·

tablecimiento de un único universo racional. El campo físico de un ámbito geográfico actúa sobre un objeto físico, el organismo, e influye en el campo fisiológico de ese organismo; los acontecímientas en el campo fisiológico, a su vez, tienen lugar incidiendo sobre el campo geográfico y, en consecuencia, sobre el campo fisiológico. Se nos presenta un problema exclusivamente de física, como plicado por la relación de los campos interactuantes, el físico y el fisiológico, y por la enorme complejidad del último. Mas aunque complejo, el problema ya no es oscuro; sus términos nos son asequibles y, como cuestión de principio, podemos seguir cada suceso desde el comienzo hasta el fin, durante su curso entero, sin tener que saltar de un universo a otro. Pero nuestra pérdida es igualmente visible. Si nos detenemos aquí, habremos renunciado a todas las ventajas que el ámbito de la conducta reportó a nuestro sistema. Yana tratamos más con hechos psicológicos sino con pura fisiología. En realidad, esta consecuencia no les parecerá, a muchos psicólogos, una pérdida sino una ganancia y probablemente ahora estarán tentados de hacer este comentario: "Si Ud. quiere explicar toda la conducta como una función fisiológica, ¿por qué introduce siempre el ámbito de la conducta?" Nosotros teníamos puestas grandes esperanzas en nuestro ámbito conductal. Con ayuda de este concepto pensamos que podríamos elaborar una psicología aceptable para el historiador, el artista y el filósofo, incluyendo motivación, belleza y racionalidad. y ahora tenemos que volver atrás y refugiarnos en la mera fisiología. ¿No equivale esto a renunciar a la conducta masiva y a colocar en su lugar la conducta molecular? ¿No estamos anulando nuestro propio propósito? Y finalmente, ¿cómo hemos de esperar construir un sistema de psicología sobre una base puramente fisiológica, cuando nuestro conocimiento del sistema nervioso central es casi nulo? ¿Un tipo nuevo de psicología especulativa no invalidaría la fase experimental? El ámbito de conducta es algo que conocemos, en tanto nuestro campo fisiológico es una magnitud totalmente des. conocida. Tal el saldo de nuestro balance. Y si observamos el activo y el pasivo surgidos durante nuestra incursión en el campo fisiológico veremos que es ahí donde se encuentra el origen de la guerra desencadenada entre las diferentes escuelas psicológicas. Quienes consideraron que era el activo lo único que contaba, se volvieron con-

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ductistas, pensando tan poco en su pasivo como suelen hacerlo los deudores. Aquellos, por otra parte, que eran deudores conscientes y sobre quienes el peso del pasivo gravitaba como una carga insoportable, no pensaron para nada en el activo y se volvieron psicólogos "comprensivos". Entre estos extremos encontramos toda suerte de arreglos. Pero todos fueron insatisfactorios, porque no supieron encontrar el modo de aprovechar el activo pagando el pasivo. Esto es lo que debemos hacer si queremos ser honestos y proseguir el trabajo de acuerdo con un plan que nos conduzca largo tiempo y nos salve de la perpetua amenaza de una bancarrota inminente. 0, para elegir otra metáfora, debemos saber adónde vamos y estar convencidos de que el camino que transitamos nos lleva a nuestra meta. Viene a mi memoria ahora un episodio de mis días de estudiante. Un compañero mío con quien marchaba a casa me hizo la siguiente pregunta: "i Sabes tú adónde nos lleva la psicología que estamos aprendiendo?" Yo no pude responder a la pregunta, y mi compañero, después de graduarse de doctor, abandonó la psicología como profesión y es actualmente un autor conocido. Pero yo era menos honesto y menos capaz, de suerte que persistí en mi ocupación. Sin embargo su pregunta nunca cesó de preocuparme, de modo que estaba listo a aferrarme de la primera oportunidad que se me ofreciese de encontrar una respuesta.

La relación crucial entre los campos de la conducta y el fisiológico. Así como no olvidé esta conversación casi casual, otra conversación con otro colega ha quedado en mi memoria, como uno de los momentos decisivos de mi vida. Tuvo lugar en Francfort, sobre el Maine, a principios de 1911. Wertheimer acababa de terminar sus experimentos sobre la percepción del movimiento en los cuales Kóhler y yo habíamos sido los principales ayudantes. El me propuso, entonces, decirme el propósito de sus experimentos que yo, como buen asistente subordinado, ignoraba por completo. Por supuesto, ya antes había tenido muchas discusiones con ellos dos. ¿ Cómo hubiera podido vivir en constante contacto con Wertheimer sin aprender algunos aspectos de la Teoría de la forma (Gestalt), aun en aquellos viejos tiempos. Aquella tarde, empero, él dijo algo que me impresionó más que cualquier otra cosa; esto es, su idea acerca de la función de la teoría fisiológica en la psicología, la relación entre la conciencia y los procesos fisiológicos subyacentes, O en nueva terminología, entre el campo de la conducta y el fisiológico, Plantearlo

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Y otros parecidos (familiares por los empapelados de las paredes). Nuestra teoría tendría que estar muo cho más allá de los hechos empíricos para que valiese la pena analizarlo. Además, esta, no es una monografía sobre la articulación figura-fondo. Todo lo que deseábamos mostrar era la interacción de las Iuerzas en esta organización fundamental. Pero aquí, como en cualquier ocasión en que tratemos de llegar a una concepción adecuáda de la ,dinámica real, nos veremos embarazados por la enorme complejidad de las condiciones y por la insuficiencia de

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nuestro conocimiento. No debemos censurar a la psicología por esta pobreza, pues sólo dentro de los últimos veinte años se ha convertido la dinámica en un problema psicológico. Aspecto general de la articulación figura-fondo. Recogeremos, finalmente, un nuevo lado funcional del problema figura-fondo, ¿Pertenece a nuestro ámbito de comportamiento en todos sus aspectos sensorios o sólo al dominio de la visión? Nuevamente nuestra respuesta ha de ser breve a causa de la falta de datos experimentales. Pero admitiremos que la distinción debe aplicarse a todos los sentidos. Respecto al oído está claro; podemos oír hablar sobre el fondo del golpeteo de la lluvia o el bramido de un torrente de montaña. OTROS SENTIDOS. Así como aquí la distinción es clara, tórnase más difícil cuando abordamos los demás sentidos. Siempre es fácil imaginarse figuras; los objetos suaves o ásperos que tocamos, el gusto de este bocado de chuleta bien cocinada, o el aroma del vino de viñedo escogido que acabamos de sorber; el perfume de esta violeta, el calor o el frío al tacto de este trozo de metal. Todas estas experiencias tienen aspecto de figura, ¿pero cuál es su fondo? Aquí hay un problema que no pretendo resolver. Baste una indio cación: mencionamos el fondo de las aguas rugientes sobre el cual aparecen l!ls. palabras de nuestro amigo, pero a menudo, aunque para los habitantes de las ciudades no lo bastante a menudo, ese fondo audible es "quietud"'. En favor de que la quietud no es, o no necesita ser, sencillamente nada, sino que frecuentemente sirve de fondo, aduciré el hecho de que la quietud puede tornarse figura, como cuando dejamos la ciudad y pasamos nuestras primeras noches en solitarias regiones de montaña. A mí me parece muy posible que existan cualidades de fondo de tipo parecido igualmente para los otros sentidos, aunque es probable ql;Ie ellas sean más funcionales que descriptivas. Esto quiere decir que los fondos de estos sentidos actuarán funcionalmente sobre lo que aparece realmente en nuestro ámbito de comportamiento, sin tener ninguna contraparte directa en él, comparable al fondo visual. Esto significa en última instancia, que nuestro fondo más general es suprasensorio en el sentido de que debe su existencia a la contribución potencial de todos los sentidos. Al decir esto, estamos lejos de atribuir la misma importancia a todos los sentidos para nuestra armazón general.

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Unos puntos más antes de volver a la visión. No tuvimos dificultad en señalar figuras según las diferentes modalidades de los sentidos. Pero algunos sentidos nos proporcionarán también fondos que son más que "vacuidad". Me refiero en particular al perfume que puede envolvernos como un suave velo o a las murallas azules de la rotonda de un castillo de cuentos de hadas. Y el fondo de estos otros sentidos es con frecuencia no sólo, aunque no principalmente, el fondo de las figuras de estos mismos sentidos, sino que además determina nuestra relación con estas figuras y con todas las figuras o cosas en nuestro ámbito de comportamiento dado. La "atmósfera" de una habitación, he ahí un ejemplo posible. Así estos fondos son más amplios que los puramente visuales hasta aquí examinados, ya que son fondos para el yo tanto como para las cosas con que se encuentra confrontado. Nuestra conclusión es, entonces, que la distinción figura-fondo, aunque aplicable a todos los sentidos, ofrece nuevos problemas cuando trasciende la visión; problemas que son de gran importancia para la teoría del comportamiento, pero que se hallan aun en estado asaz embrionario para merecer mayor estudio. VISIÓN PERIFÉRICA Y CENTRAL; LA PRIMERA COMO "SENTIDO DEL FONDO", LA SEGUNDA, "DE LA FIGURA". Volvamos, pues, a la vista. Todas las teorías modernas de la visión reconocen dos tipos de receptores: los bastoncillos y los conos, de los cuales solamente los últimos se enceuntran en la fovea central, mientras que los primeros aumentan en proporción hacia la periferia. Al mismo tiempo es un hecho bien conocido que el centro se distingue funcionalmente de la periferia por su mayor articulación, tanto en forma como en color. Más aun, generalmente se distinguen tres zonas en la retina, una total y otra parcialmente ciega al color, al lado de un área central con su sentido del color normal. El poder de articulación medido, por ej., mediante un umbral de dos puntos, decrece rápidamente hacia la periferia, de modo que las partes de campo segregadas, siendo producidas exclusivamente por estimulación periférica, carecen de detalles de color y forma; en otras palabras, la periferia de las retinas nos da las partes de campo que tienen exactamente las características del fondo, mientras que la parte central de la retina provoca la percepción de las figuras. Así, parece plausible decir que la periferia es un sentido del fondo y el centro de la figura.

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DIFERENCIA FUNCIONAL, NO PURAMENTE ANATÓMICA. Esta descripción de nuestro órgano de la vista unifica las diferentes partes asignando una causa a las mismas. Sin duda hay una razón anatómica para esta distinción, pero ha de considerarse la diferencia como un hecho secundario y no primario. Desarrollemos este punto. (1) Vimos que la parte circundante del campo, ceteris paribus, se tornará fondo, y la circundada, figura. ¿Consideraremos entonces simple coincidencia que el centro de la retina actúe para la percepción de la figura mientras la periferia circundante proporciona el fondo? ¿No es una hipótesis mucho más plausible suponer que el centro es el sentido de la figura porque es el centro, y que sus propiedades anatómicas derivan de esta función? Si así fuese, entonces el centro anatómico ya no sería la región de mayor articulación cuando dejara de ser centro. Esta deducción está ampliamente confirmada por experimentos realizados con pacientes hemianópticos. CONFIRMACIÓN MEDIANTE LOS EXPERIMENTOS DE FUCHS CON HEMIANÓPTICOS. Las más claras demostraciones de este efecto se deben a W. Fuchs (1920, 1922). En el campo visual hemianóptico la fovea anatómica yace en el costado derecho o izquierdo. Este centro anatómico ya no es, para muchos hemianópticos, el centro funcional en lo concerniente a localización o articulación. Por el contrario, ellos desarrollan una seudo-fovea, esto es, un nuevo punto en la retina, bien adentrado en la región' intacta, que se torna el lugar de mayor articulación y claridad. "Este nuevo sitio de visión más clara, no tiene una posición constante en la retina, sino que constituye un centro funcional, es decir un centro determinado por los datos visuales reales, cambiando su localización con la forma o tamaño real de los objetos, o la forma del campo total que rodea al paciente" (1922, pág. 158). En consecuencia, los pacientes hemianópticos, antes de ser examinados, no tienen idea de la naturaleza del mal que los aflige. Ellos se quej an de no ver tan bien como antes, pero su campo de visión fenomenalescompletamente diferente de su campo de visión funcional. Mientras el último tiene forma casi semicircular, pasando el diámetro limite a través de la fovea, el primero es más o menos como el nuestro, a saber, casi circular. Más aun: la extensión de su campo visual va" ría de acuerdo con la tarea particular a que se lo aboca. Tendremos esto presente ahora cuando- analicemos algunos de los resultados de Fuchs. Se proyectaron varias letras de alrededor de una pulgada

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de alto sobre una pantalla; y a su lado, una marca negra que los pacientes tenían que tomar como punto de referencia, es decir, mirarla en forma tal que cayese en su fovea. Debían indicar entonces, cuáles de las letras les parecían más claras. Ahora bien, cuando el paciente se sentaba a una distancia de un metro de la pantalla, elegía una letra distante unos seis centímetros del punto de referencia, y cuando .la distancia se doblaba, elegía una letra apenas más alejada, a saber, 6, 5-6, 7 centímetros del punto de referencia. Al mismo tiempo, el límite de su campo visual hacia la periferia estaba casi tan lejos de la letra más clara como el de la fovea, Hay dos conclusiones obvias: el sitio de la visión más clara yace en el centro del verdadero campo visual y no corresponde a una parte definida de la retina, porque de ser así, desde una distancia de dos metros el paciente habría visto la letra más nítida el doble más lejos del punto de referencia que desde la distancia de un metro. En el experimento siguiente la distancia del paciente se mantuvo constante y el tamaño de las letras varió. El resultado fué que si se aumentaba el tamaño de la . letra había que alejarla del punto de referencia a fin de mantenerla en su más alto grado de claridad. Los cambios son muy considerables, la letra más pequeña, una doceava parte del tamaño de la mayor, utilizada en el primer experimento, alcanzaba su mayor claridad a la distancia de 1.1 cm. del punto de referencia en comparación con los 6 cm. de la más grande. Las letras pequeñas determinan un campo visual pequeño y por tanto un centro más cercano a la Iovea del costado. En el tercer experimento, se variaban tanto la distancia del observador como el tamaño de la letra, pero de tal manera que el ángulo visual permaneciese constante, observándose letras de doble tamaño a distancia doble, etc. Nuevamente las letras objetivamente más grandes tenían que estar más lejos del punto de referencia que las más pequeñas, careciendo de todo efecto la constancia del ángulo visual. Así, vemos que la articulación nítida aparece como una función (',C x ti; del campo total y sus propiedades, y no como el resulpt. tado de condiciones anatómicas preexistentes. De muchos otros experimentos sumamente instructivos, mencio- F'19. 70 naré sólo uno, para corroborar la última afirmación de que son las unidades reales, producidas por la organización, las que determinan la estructura del campo total, y por tanto, la claridad de sus partes y no el conjunto de estímulos o el factor atención. Si una larga línea vertical interrumpida (Fig. 70) se retiraba tanto del

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punto de referencia que apareciese completamente nítida y se le pedía entonces al observador que concentrase su atención en una de las partes centrales de esta línea, el resultado era que en lugar de ganar en intensidad, esta parte se encogía, tornándose confusa; y si las dimensiones del todo y sus partes se elegían convenientemente, llegaba incluso a desaparecer por completo, de modo que el observador veía un boquete en el resto de la línea, visible todavía. Al aislar una parte de su unidad estructural, el paciente destruye esta parte, lo cual prueba categóricamente que la unidad total es un hecho objetivo que produce su visibilidad y no una actitud del observador. LA CONTRIBUCIÓN DE LA PERIFERIA: FONDO FUNCIONAL Y FIGURAS CON GRANDES FUERZAS ORGANIZADORAS INTERNAS O COOPERACIÓN DEL CENTRO. (2) Cuando decimos que la periferia es un sentido del fondo, no queremos decir que no puede, en ninguna condición, producir o cooperar en la producción de figuras, de igual modo que nuestra afirmación de que el centro es un sentido de figura no niega que pueda cooperar en la producción del fondo. Pero hay una cosa que sigue siendo verdadera: la periferia sola puede producir fondo, mientras que el centro solo no puede, aun cuando la periferia haya perdido toda la capacidad de producir figuras por sí misma. Las últimas afirmaciones se confirman mediante dos tipos de perturbaciones en la vista. Si debido a la retinitis el campo visual se ha achicado tanto que sólo el centro se conserva funcional, el paciente es, para todos los fines prácticos, ni más ni menos que ciego. Por otra parte, pruebas perimétricas de ciertos pacientes histéricos o pacientes con psicosis funcionales especiales, revelan un campo visual restringido a una diminuta superficie central que puede ser menor aun que el área que convierte en ciego a un paciente con retinitis. Y sin embargo, estos pacientes pueden orientarse visualmente sin grandes dificultades. Unas pocas palabras acerca del examen perimétrico. El paciente fija la vista en un punto mientras el examinador va introduciendo desde la periferia, pequeños discos de varias formas y colores. El paciente, tan pronto como ve algo, debe indicarlo, así como la forma y el color que tiene el objeto visto en la periferia. Mediante este método, que prueba el surgimiento de figuras, se descubren las tres diferentes zonas de color de la retina. Este examen demuestra, entonces, la producción de figuras en la periferia por la periferia solamente. Es muy importante saberlo, pues si tenemos presente el tipo de prueba que estamos realizando

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no nos sorprenderá encontrar que los resultados dependen del tipo de material de prueba usado; nosotros podríamos más bien esperar mej ores resultados con los obj etos que dan lugar a buenas organizaciones cuando se miran directamente, que con objetos que bajo estas condiciones más favorables producen articulación más pobre. Más aun, no nos sorprenderíamos de que las partes de campo producidas conjuntamente por el centro y la periferia tuviesen, siempre que estén fuertemente unificadas, las características que ellas toman del centro. Las dos suposiciones se confirman ampliamente.I" Aun en el examen ordinario de la agudeza visual, en la visión central, el resultado depende en gran parte del objeto de prueba empleado. Así, los experimentos discriminatorios de M. R. Harrower y yo, mencionados arriba, prueban, por ej., que la agudeza depende de la aspereza o suavidad de figura y fondo. En lo concerniente a la periferia, Gelb (1921), hizo un interesante experimento. Se dibuja en un gran cartón un anillo negro, doble, de 36 cm. de diámetro exterior; las líneas negras de 8 mm. Fig. 71 de ancho y de 5 mm. el espacio blanco intermedio. El sujeto fija un ojo en el centro del anillo. Luego se coloca otro cartón blanco con un sector anular abierto de alrededor de 12 grados, arriba del primero 11 y se lo acerca tanto al observador que los dos pequeños arcos funden en uno solo, obstruyendo completamente el espacio blanco intermedio. Cuando luego el cartón interpuesto es retirado, el doble anillo, entero, con el círculo blanco entre los dos negros, se torna claramente visible. De manera semej ante, si en lugar de un doble anillo negro se usa uno simple coloreado, y se lleva el objeto de prueba tan cerca del sujeto que éste vea bajo la cubierta una línea negra corta, el sujeto verá un círculo completo coloreado cuando se retire la cubierta. Tiene lugar el efecto opuesto cuando en lugar de anillos y círculos se usan líneas rectas dobles. Si desde una distancia establecida en los experimentos precedentes se fija la vista en un extremo de dicha línea, entonces, sin la cubierta, la línea funde a una distancia de alrededor Para el tratamiento psicológico de la literatura moderna sobre acuivisual, véase C. Berger. 11 La Fig, 71 representa, esquemáticamente, la doble línea visible a trade la apertura en la máscara.

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de 10 cm. del punto de referencia, mientras que un pequeño trozo de ella aun aparece doble a una distancia de alrededor de 20 cm. Esto prueba que el grado de organización de una parte del campo depende de su tipo de organización, de su forma. Buenas formas serán mejores figuras, es decir más articuladas y coloreadas, que las formas pobres. El hecho de que la parte pequeña de la doble línea recta sea superior a la línea entera, se debe a la concentración de atención en esta parte pequeña. La atención, como actitud, es una fuerza que se inicia en el yo y por tanto será analizada más adelante. Mas de este experimento se extrae el hecho de que la atención, agregando energía a la parte de campo particular, aumentará su articulación, si no está articulada tan bien como podría estarlo. Como en los círculos las partes pequeñas son inferiores a la figura entera, aunque estén favorecidas por la mayor atención como las partes pequeñas de las líneas rectas, cabe suponer que las fuerzas organizadoras internas han de ser más fuertes que los efectos causados por la energía de la atención adicional. Extraeremos otra conclusión más de este examen. Los oculistas prueban la agudeza visual como una parte de su examen común. Esta es una prueba de la organización bajo condiciones particulares; no es directamente una prueba de las estructuras anatómicas de la retina, opinión que parece aun prevalecer entre los oculistas (véase Berger). Los resultados de la prueba pueden indicar también ciertos hechos anatómicos, pero sólo indirectamente. Nosotros marchamos al revés, es decir desde el proceso organizador a sus condiciones, de las cuales las anatómicas son sólo una fracción. Es prudente agregar esta observación a fin de demostrar que estos análisis experimentales y teóricos también pueden tener su valor práctico inmediato.

El centro cooperando con la periferia. Hicimos notar más arriba que las partes de campo producidas conjuntamente por estimulación central y periférica podrán tener propiedades de las partes surgidas íntegramente del centro. Cuando reclinamos la espalda sobre la tierna hierba de una colina y miramos el cielo, vemos al cielo azul en toda su extensión aunque la periferia de la retina sea ciega al color; o cuando estamos parados frente a un muro rojo o verde, no lo vemos gris a cierta distancia del punto de referencia aunque la zona entre el área totalmente ciega al color y el centro sea ciega al rojo y al verde. Esto es, siempre debemos distinguir entre la periferia cuando actúa sola y cuando

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coopera con el centro. Los experimentos del punto ciego, previamente analizados, con la cruz de brazos azules y rojos, bien po. drían considerarse desde este ángulo. RELACIÓN

CAUSAL ENTRE ESTRUCTURA,

FUNCIÓN DEL CENTRO

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(3) El meollo de los dos primeros puntos, puede verse resumirse del siguiente modo: se demostró que la organización del campo visual dependía de dos series de factores, las fuerzas organizadoras internas dentro del campo y las diferencias anatómicas dentro del sector óptimo, pues aunque la claridad y la articulación pueden ser producidas por partes periféricas, el centro e" superior en estos aspectos. Ahora bien, cuando sostenemos que el centro es un sentido de figura y la periferia de fondo, establecemos una relación entre estos dos factores, basada en el hecho de que el área central, rodeada por otra área, tendería a tornarse la figura del fondo circundante. Ahora debemos examinar qué clase de relación puede ser ésta. ¿Por qué es el centro el sentido de figura y la periferia el de fondo? ¿Por qué la estructura anatómica de la retina -y probablemente del cerebro- se ha desarrollado de este modo? Esto es, indudablemente, un problema genético y biológico y sólo podremos dar una respuesta final cuando sepamos mucho más acerca de los verdaderos hechos de la filogénesis de lo que sabemos ahora. Pero puede intentarse por el momento, un esbozo general. Podremos explicar la ubicación morfológica de cualquier organismo, o de cualquiera de sus miembros, si podemos deducirla de un estado menos (o más) estructurado; en resumen, si podemos deducir el órgano por la función. En principio esto no es en absoluto imposible, como lo ha mostrado Kohler (1914) .12 Un proceso dejará rastros bajo la forma de pro· duetos químicos y lo hará de tal manera que facilitará su propia repetición. Si, entonces, el mismo tipo de proceso se da una y otra vez en la misma región, esta región se transformará gradualmente de modo de facilitar más y más la realización de procesos similares. Apliquemos esta idea general a nuestro problema de la visión. Ya que la parte circundada tenderá a tornarse figura más fácilmente que la parte circundante, el centro de la retina tiene más probabílidades de producir procesos de figura que la periferia, aun cuando ellos sean iguales anatómicamente. Sin embargo, hay tantos IacPERIFERIA.

12 Maccurdy (p. 217 s.) ha adelantado una hipótesis un tanto diferente para explicar esta conexión entre estructura y función.

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tores operativos en la articulación figura-fondo, que posiblemente la superioridad del centro debida a su misma posición no baste para darle una ventaja apreciable sobre la periferia.

El. factor frecuencia. Pero interviene otro factor. Si las condiciones del campo son tales que la organización resultante es una figura sobre el fondo y esta figura yace en la periferia, el campo visual no estará bien balanceado como en el caso en que la única figura está en el centro; al estar circundada, hace, de una parte del campo, una figura, y este factor, agregado a otros muchos, aumentará su grado de configurabilidad, y el campo, con su tendencia a las articulaciones más altas posibles, estará, por tanto, más establemente organizado cuando la figura sea figura en el mayor grao do posible. También podemos decir: así como la circundación tiende a la organización de figura, del mismo modo la organización de figura llevará a la circundación. Esta presión puede remediarse, sin embargo, pues la relación entre los ojos y el objeto estímulo y, en consecuencia, la distribución de los estímulos próximos sobre la retina, no está fijada. Los ojos, la cabeza y el cuerpo pueden moverse, y mediante tales movimientos, alterar la distribución del estímulo. Por consiguiente, supondremos que esa figura solitaria dará lugar a movimientos del ojo, la cabeza o el cuerpo, hasta que los estímulos próximos caigan en el centro. Retomaremos este punto fundamental cuando analicemos la teoría del comportamiento. Por el momento deducimos de este razonamiento que la frecuencia con que se inicia la organización de una. figura desde el centro de la retina, debe de ser mucho mayor que lo que podíamos esperar originalmente y, en consecuencia, de acuerdo con el principio general r~­ cién enunciado, debemos esperar que esta región se torne particular. mente favorable para el surgimiento de la organización de figura. 1 3 Por supuesto, esto no nos da ningún atisbo dentro de los detalles reales del proceso, no dice cómo es que la densidad de los receptores es tanto mayor en la fovea que en la periferia, ni intenta deducir la diferencia entre los bastoncillos y los conos. Pero, incompleta como es nuestra teoría, al menos es un comienzo, y aun siendo así, gran cantidad de hechos, hasta aquí meramente coexistentes, se han unificado, tornándose inteligibles. 13 La idea de que filo genéticamente la estructura histológica de la fovea debe conectarse con su función psicofisiológica, ya ha sido desarrollada por Fuchs, 1920, p. 163.

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Figura-fondo en ámbitos de conducta normales. Apliquemos ahora la categoría figura-fondo al ámbito del comportamiento normal. Se da por la estimulación retiniana que, en clase, es igual a la operativa en los casos hasta ahora examinados, pero bastante más compleja en su distribución. Más aún, comúnmente se introducen nuevos factores de organización mediante el paralaje binocular. Sin embargo, ya que los rasgos principales del ámbito del comportamiento no son esencialmente distintos en las personas tuertas que en las dotadas de visión binocular, de momento pasaremos por alto este factor. Todos los campos de visión normales tienen una gran cantidad dé detalles de profundidad, aparte del detalle de forma. Al mismo tiempo, en todos los campos normales los contornos tienen la función unilateral. Para usar la frase de von Hornbostel, nosotros vemos las cosas, no los espacios que las separan. POR QuÉ VEMOS LAS COSAS Y NO LOS ESPACIOS QUE LAS SEPARAN.

podemos intentar ahora dar respuesta a este problema. Dos de los factores de organización que hemos examinado hasta ahora me parece que son las causas más importantes de este efecto. En primer lugar, al darse segregación y unificación, se separan áreas de diferentes grados de articulación interna y, de acuerdo con nuestra ley, las más articuladas se tornan figuras, fundiéndose el resto para formar el fondo. Mírese una fotografía cualquiera de un paisaje. Se ve la forma de las cosas, las montañas, los árboles y edificios, pero no el cielo. El segundo factor, igualmente importante, es el de buena continuación y buena forma. Las cosas que vemos tienen una forma mejor, están delimitadas por mejores contornos que los espacios que podemos ver, pero que no vemos. En consecuencia, cuando en circunstancias excepcionales estas condiciones se invierten, entonces vemos el espacio y no las cosas, como la forma de un boquete entre dos rocas que se proyectan con agudos perfiles, el cual puede verse como un rostro, un animal, o algún otro objeto, mientras la forma de la roca desaparece. REFUTACIÓN DE LA RESPUESTA EMPIRISTA. Esta explicación se opone radicalmente a la manera de pensar tradicional. Mientras que para la psicología tradicional la articulación de nuestro campo en cosas, o en figuras y fondo, aparece como un claro ejemplo de experiencia o aprendizaje, nuestra teoría considera tal articulación como el resultado directo de la distribución del estímulo, esto es, como la organización espontánea surgida mediante el mosaico del estímulo. Examinemos, por tanto, en detalle, lo que implica la ex-

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plicación empmsta de esta articulación - tarea descuidada por los empiristas, a quienes nunca se les ocurrió dudar de la veracidad de su teoría. La teoría empirista podría aceptar o rechazar nuestra descripción de la diferencia figura.fondo como cuestión de oro ganización. En caso de aceptarla, reducida a la experiencia, tendría que decir que originalmente las posibilidades eran iguales en lo referente a cuál lado de los contornos tendría la función de segregación, si habían de verse los espacios o las cosas. La experiencia luego habría favorecido continuamente al uno a costa del otro. Esta primera afirmación -pareja posibilidad para espacio y cosas, está en estricta contradicción con las leyes de la articulación figura.fondo que hemos deducido de la experimentación sistemática. De ser verdaderas, los modelos de los cuales nosotros no tenemas experiencia alguna, serían absolutamente ambiguos con respecto a la articulación figura-fondo. Y esta deducción contradice la evidencia experimental. Y la segunda afirmación de los empiristas de que la experiencia inclina el platillo de la balanza en favor de una entre varias posibles organizaciones de figura-fondo, carece de toda sustentación. Ni sabemos qué clase de experiencias pueden tener este efecto ni cómo han de producirlo. Quizá el empirista sostendría aquí que la forma de las cosas es constante, mientras que los espacios son variables, a causa de estar las mismas cosas en distintos lugares y próximas a otros objetos distintos. La respuesta es también muy simple: esto es, que tal razonamiento comete el error de experiencia. Las imágenes retinianas de las cosas cambia con cada cambio de posición entre cosa y observador; las condiciones para el surgimiento de la misma cosa son tan poco constantes como aquéllas para el surgimiento de los espacios. El hecho de que a pesar de este cambio de la estimulación próxima las cosas percibidas sean constantes, es un problema, no un hecho para sostener una teoría empirista. Experiencia de cosas o figuras puede tenerse sólo después que las cosas o figuras hayan sido es· tablecidas como partes del ámbito del comportamiento. Si el empirista rechaza nuestra afirmación de que la articulación figura-fondo depende de la organización, entonces debe explicar primero lo que es. Dado que el único intento explícito que conozco es la hipótesis de la atención, cuya impropiedad se ha demostrado gran número de veces, me abstengo de ulterior análisis (ver v. gr., Koffka, 1922). El lector empirista, aunque sienta la fuerza de estos razonamientos, no abandonará tan fácilmente su teoría. Como tales expli-

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caciones no nos dicen por qué el empirismo es una doctrina tan popular, nuestro lector, en consecuencia, se resistirá a ver cómo la nueva teoría explica esos hechos particulares o aspectos de hechos, que hacen tan querido el empirismo. Pero ya se subsanará más tarde esta laguna, cuando analicemos los problemas de la "constancia" (págs. 263 y s.), donde la ventaja del empirismo aparece particularmente obvia y donde el empirismo es tan falso como aquí. Para no dar lugar a malentendidos: al rechazar una explicación empirista de la articulación figura-fondo como tal, no implico que la experiencia no pudiera ser uno de los varios factores que determinan tal articulación dada. Si en ciertas condiciones, equivalentes para dos articulaciones figura-fondo, una de ellas se ha dado una o varias veces, puede ser que el mismo tipo de articulación se dé en las mismas condiciones. Rubin pensó que él había demostrado tal "postefecto de figura"; sin embargo, ciertos experimentos de Got· tschaldt (1929) arrojan alguna duda sobre la validez de esta prueba, pues, como ya lo hemos visto, no es fácil demostrar la influencia de la experiencia, contrariamente a lo que podría esperarse de acuerdo con las teorías empiristas. Sin embargo, mi opinión personal es que la experiencia puede influir sobre la articulación figura.fondo en el sentido de que una articulación así actualizada puede facilitar otras similares. Experimentos futuros mostrarán si mi creencia es justificada y en qué condiciones tiene lugar esa influencia, en caso de existir.

CAPITULO VI EL CAMPO AMBITAL

Las Constancias el armazón. Forma y tamaño de las postimágenes. Localización. Su dependencia general del armazón. Principio general: las direcciones principales del campo constituyen el armazón. La localización del yo a través de la constitución del armazón. Aplicación del principio general a nuestros diversos ejemplos; las invariables. El caso especial de la localización del yo. Constancia del armazón (constancia de dirección, tamaño y forma). Teoría de las constancias perceptuales. Constancia de la forma. Constancia del tamaño. Blancura y constancia del color.

EL ARMAZON

En el último capítulo propusimos analizar cosas y armazones e introducimos la articulación figura.fondo como parte de ese problema más general. Ahora podemos generalizar, comenzando con el armazón y agregando al final nuestra teoría de la calidad de la cosa. Toda organización perceptual es organización dentro de un armazón. En consecuencia, demostraremos que toda la organización perceptual es organización dentro de un armazón y que depende de él, para ver luego algunos aspectos salientes de los armazones. Para nuestra prueba podemos retomar una pista que dejarnos abierta en el último capítulo, cuando dimos algunas demostraciones de la dependencia funcional de las figuras respecto de sus fondos. Vimos allí que la forma de una figura pequeña dependía del fondo sobre el cual aparece. Puede demostrarse este mismo hecho con la ayuda de postimágenes. Si la postimagen de un círculo no se proyecta sobre un plano perpendicular, ésta aparece como una elipse.

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FORMA y TAMAÑO DE LAS POSTIMÁGENES. Cuanto se diga de la forma se puede decir igualmente del tamaño, siendo el tamaño de una postimagen una función directa de la distancia a que se proyecta. Que esta relación depende también de la dirección de la proyección, lo aprendimos en el Cap. In, siendo el tamaño tanto menor cuanto más grande sea la elevación de la línea de referencia sobre la horizontal. Pero aparte de este factor principal, hay también factores menores dependientes de la forma y de la articulación de la postimagen misma, que actúa en una estricta relación con el tamaño y distancia de la postimagen -relación descubierta por Emmert y que ha desempeñado un papel considerable en la investigación de las imágenes eidéticas.! Es mucho más importante para nuestro actual propósito que la distancia del fondo, la cual depende del tamaño de la postimagen, no sea la distancia objetiva o geográfica sino la fenomenal o de conducta. La Sra. Frank (1923), inspirada en un viejo experimento de Volkmann, hizo que los observadores proyectasen postimágenes sobre una superficie plana, en la cual se había hecho un dibujo de un túnel en perspectiva. Entonces el tamaño de la postimagen variaba según el lugar de la hoja de papel sobre la que se proyectase. Si caía sobre una parte próxima o la entrada del túnel, resultaba considerablemente más pequeña que cuando se arrojaba sobre una parte remota del túnel; los aumentos obtenidos eran del orden de 3:1. No debe sorprendernos, pues, una llamada ilusión óptica bien conocida, produce el mismo efecto. De dos objetos objetivamente iguales dibujados dentro de dicho túnel, el que parece más cercano parecerá también más pequeño. LOCALIZACIÓN. Pero el armazón incidirá también sobre la localización. Ciertamente, sin armazón estable no hay localización estable hecho fundamental para la teoría de la percepción del espacio. Describiremos brevemente la teoría de Hering sobre la localización a fin de desarrollar este punto. Según su teoría, cada punto de la retina tiene por sí mismo un par definido de valores espaciales, un valor de altura y otro de ancho, correspondientes a la dirección en que aparece cualquier punto, si con la cabeza erguida se enfoca la vista en un punto infinitamente lej ano en el centro de un plano horizontal que pasa a través de los dos ojos. Así, el centro de la 1 Ver en este respecto mi estudio de los trabajos sobre la imaginación eidética (1923 e}, y los dos apuntes realizados por mí (1923 b) y por Noll, en los que se demuestran las excepciones a la ley de Emmert,

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retina tendrá el valor espacial "directamente adelante"; es decir, que los valores de ancho y altura son, en este caso, los nulos. Puntos situados arriba y abajo de la vertical tendrán un valor cero de ancho, pero valores de altura negativos y positivos, si positivo significa que ellos aparecen abajo, y negativo que aparecen arriba del punto directamente al frente. De igual modo, los puntos situados a .izquierda y a derecha del centro, sobre la horizontal, tienen un valor de altura cero, y valores crecientes de ancho hacia la derecha y la izquierda. Finalmente, en esta teoría, la cantidad total de la disparidad retiniana da a cada punto un valor de profundidad. Más adelante examinaremos la teoría de la percepción de profundidad, por tanto nos limitaremos ahora a las dos primeras dimensiones. ¿ Cómo podría probarse esta teoría de los valores espaciales fijos de los puntos retinianos? Witasek (1910), un firme defensor de la teoría, sugirió el siguiente experimento. Póngase al observador en una habitación completamente a oscuras, con un punto de luz frente a los ojos a manera de punto de referencia. Luego expóngase sucesivamente cierta cantidad de puntos distintos y hágase que el observador indique la dirección en que aparecen estos puntos. Wita· sek juzgaba necesario el experimento, porque no se deduce en absoluto de la teoría de Hering, que los valores de altura y ancho de un punto retiniano aumenten proporcionalmente con su distancia del centro. Puede muy bien ser que la relación sea menos simple; que, en otras palabras, el sistema de los valores fenomenales espaciales de los puntos retinianos no sea un mapa adecuado de las posiciones geométricas de estos puntos. Así, la bien conocida sobreestimación de las líneas verticales en relación con las horizontales, se explica. ba, en esta teoría, mediante el supuesto de que los valores de altura aumentaban más rápidamente que los valores de ancho. Pero volvamos al experimento de Witasek. Nunca ha sido realizado, y ello por una razón muy simple: porque no puede realizarse. Si permanecemos cierto tiempo en una habitación completamente oscura, con un solo punto de luz visible, este punto pronto comienza a moverse del modo más errático, haciendo oscilaciones de hasta 90 grados. Durante todo el tiempo la fijación es tan perfecta como siempre, no teniendo lugar más que los movimientos vibratorios normales de los ojos en un minuto, con una oscilación de menos de. un grado, según lo demostraron Guilford y Dallenzach. Estos movimientos "autocinéticos" prueban, pues, que a los puntos retinianos no pertenecen valores retinianos fijos; producen localización dentro de un armazón, pero dejan de hacerlo cuando este armazón no exis-

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te. Que ésta es la explicación verdadera de los movimientos autocinéticos lo demuestra el hecho de que después de una observación continuada de estos movimientos, el resto del armazón que aun se conserva en nuestro experimento comienza también a perder su estabilidad: el piso bajo los pies y la silla en que estamos sentados empiezan a bailotear. DEPENDENCIA GENERAL DE LA LOCALIZACIÓN RESPECTO AL ARMAZÓN. Si bien es cierto que los movimientos autocinéticos son la

demostración más convincente de la existencia y efectividad funcional del armazón espacial general, no es menos cierto que toda nuestra experiencia está impregnada de la acción del armazón. Una línea puede proyectarse sobre los meridianos verticales de nuestros ojos mediante una línea vertical cuando nos paramos frente a ella y miramos hacia adelante, o mediante una horizontal, si se trata de la hoja de papel sobre nuestro escritorio, que estamos mirando, e igualmente mediante cualquier línea en una posición intermedia entre estos dos extremos. Y, en general, nosotros vemos la línea vertical, la horizontal, la oblicua, de acuerdo con la realidad. Por supuesto sabemos que la posición real de una línea puede no tener un efecto directo sobre su posición fenomenal. Nosotros excluimos esta "primera respuesta" a la cuestión de por qué se ven las cosas como se ven, en el Capítulo III (págs. 100-103). Por el momento no~ circunscribiremos al hecho de que la misma estimulación local puede dar lugar a una gran cantidad de localizaciones distintas y que, inversamente, la misma localización puede ser producida por diferentes estimulaciones; pues con sólo levantar y volver los oj os, la línea sobre el papel frente a nosotros, se proyectará sobre nuevas partes de la retina y, sin embargo, seguirá en la misma posición horizontal de antes. Y si retiramos la cabeza de la vertical, las mismas líneas objetivas que antes se proyectaban sobre líneas retinianas verticales, se enfocarán ahora sobre líneas retinianas oblicuas, sin dejar de aparecer en el espacio como antes. Sin discutir la manera en que la teoría clásica de Hering tuvo en cuenta este hecho, 2 nosotros lo aprovecharemos en nuestra teoría del armazón. En cualquier momento las líneas verticales de nuestra retina darán lugar a líneas fenomenales que son en parte verticales, en partes horizontales y muy a menudo oblicuas. Más aún, como ya lo hemos señalado, muy frecuentemente las líneas oblicuas de la retina 2

Ver Capítulo IX.

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producen los mismos resultados que en condiciones "normales" surgen de las verticales. Por otra parte, cuando una línea vertical de la retina produce una línea vertical en el ámbito de la conducta, entonces una no-vertical será vista como vertical a menos que actúen factores especiales dentro de la parte de campo que contiene esta línea no-vertical. Así, precisamente, y con la misma condición provisional, si una línea retiniana oblicua hace que veamos una vertical, entonces una línea vertical retiniana nos hará ver una oblicua. En consecuencia, aunque la dirección de la línea retiniana es un factor que codetermina la dirección de las líneas de conducta, no es un factor que obre por sí mismo. Dos PROBLEMAS. Estamos ahora manejando dos problemas relacionados estrechamente entre sí y que, sin embargo, deben ser distinguidos; (1) líneas retinianas de dirección igual dan lugar simultáneamente a líneas de conducta de distintas direcciones; (2) las mismas líneas retinianas dan lugar, en condiciones distintas, esto es, en tiempos distintos, a diferentes líneas de conducta. Ofrezcamos algunos ejemplos de estos dos casos. Para el primero existe tan grande variedad que es difícil elegir. Frente a mí, sobre mi escritorio, hay una cantidad de libros; sus bordes son verticales y se proyectan, siempre que mi cabeza esté en posición recta, sobre líneas retinianas verticales. Frente a estos libros y señalándome, hay un lápiz en tal posición que cuando los bordes de los libros se proyectan sobre líneas retinianas verticales, lo mismo sucede con él. En bien de la brevedad, omitiré mencionar el calendario que podría servir corno ejemplo de una línea objetiva, ni horizontal ni vertical, proyectada sobre una línea retiniana vertical. Ya hemos visto un ejemplo del segundo caso. Tan pronto corno inclinarnos la cabeza, las líneas verticales no se proyectan más sobre líneas retinianas verticales; 3 no obstante, los objetos que antes se veían verticales seguirán viéndose así, siempre que no estemos en un BU arto totalmente oscuro en que una línea luminosa vertical sea el único objeto visible.s 3 A pesar de los movimientos giratorios de los ojos compensatorios que, por lo general, no son suficientes para contrarrestar completamente el cambio. 4 Debe omitirse aquí este caso, de particular interés para nuestra teoría del armazón. El fenómeno que ocurre en estas condiciones es conocido como fenómeno de Aubert. G. E. Mül1er le ha dedicado un elaborado estudio (1916), y por mi parte, yo lo he interpretado desde mi punto de vista, en un artículo, 1922 (ps, 572-76).

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A Wertheimer (1912) debemos otro ejemplo muy significativo. Un espejo puede ser inclinado fácilmente de modo tal que las imágenes de líneas verticales reales se proyecten sobre líneas retinianas oblicuas. Un observador mira ese espej o a través de un tubo que elimina .de su visión todas las partes del ámbito visibles más allá del espejo y observa la habitación y cuanto sucede en ella a través del espejo. Alprincipio la habitación se ve revuelta. La gente camina sobre un piso torcido, los objetos caen al piso en línea oblicua. Mas, tras un breve lapso, esta "habitación del espejo" vuelve a componerse; el piso está horizontal otra vez y el trayecto de los objetos que caen es nuevamente vertical. SIGNIFICACIÓN TEÓRICA. ¿ Cuál es el significado teórico de estos hechos? Aquellos de nuestro primer problema muestran claramente que la dirección fenomenal a que da lugar una línea vertical depende de la organización total del campo visual. Nuestro espacio fenomenal está lleno de objetos tridimensionales y superficies. Las líneas, en condiciones normales, no son líneas por sí mismas, sino líneas que pertenecen a las superficies que ellas limitan, de estas cosas que confinan nuestro espacio. Por tanto, estas líneas estarán determinadas en su dirección y demás aspectos por las cosas o superficies a que pertenecen. O dicho de otro modo: es tarea inútil construir el espacio perceptual con puntos y líneas, esto es, "sensaciones de espacio". Nuevamente encontramos que el espacio visual sólo puede explicarse como un producto de la organización del campo. PRINCIPIO GENERAL:

LAS DIRECCIONES

PRINCIPALES

DEL CAMPO

Los ejemplos dados para nuestro segundo problema nos llevan más allá de esta afirmación general y entrañan una referencia directa al armazón. ¿Por qué, podemos pregun· tar, el mundo del espejo se endereza por sí mismo? En el mundo del espejo, después de haberse enderezado, la organización es idéntica a la del mundo real, se ven los mismos objetos en iguales relaciones. Sólo se ha alterado un rasgo: esto es, la relación entre las líneas retinianas y las fenomenales. El principio de este cambio puede describirse así: aunque las líneas de la retina que corresponden a objetos vistos como verticales son, en un caso, verticales; en otro, oblicuas. Sin embargo, las líneas principales de la organización son en ambos casos vistas en las direcciones principales del espacio. Estas direcciones principales son la vertical y la horizontal con sus dos direcciones principales, las que en "posición normal" son la anterior CONSTITUYEN EL ARMAZÓN.

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paralela y la sagital. El plano horizontal del fondo y el vertical sobre éste, determinan, entonces, nuestro armazón. Y ninguna línea definida en la retina tiene la función de proveernos de este armazón. Más bien, ésta es función de las líneas principales de la organización total. De este modo, los contornos, con su función unilateral de conformar las cosas aunque no el armazón espacial, tienen también cierta función respecto a este último, al determinar las direcciones principales. La respuesta al problema de por qué el mundo del espejo se enderezaba por sí mismo, está implícita en nuestras últimas conclusiones. Cuando miramos al espej o al principio, las líneas principales de la organización no se ven en las direcciones principales del espacio; el piso está inclinado y en él se apoyan objetos verticales. Esto sucede porque en el momento en que empezamos a ver el mundo del espejo estamos aún en nuestro armazón normal, en donde las líneas retinianas verticales producen líneas objetivas verticales. En consecuencia, de acuerdo con la relación deducida previamente (ver página 253), las líneas retinianas no-verticales, que corresponden a los contornos verticales de los objetos reflejados en el espejo, no pueden aparecer verticales. Mas este viej o armazón normal no tiene sostén en el mundo del espej o y no puede mantenerse por sí mismo sin ningún sostén. En su lugar, las nuevas líneas principales de la organización toman para sí el papel de crear el armazón: el mundo del espej o se endereza por sí mismo. En principio, el efecto es el mismo que el del campo homogéneamente coloreado que analizamos en el Capítulo IV. En cualquier caso, el comienzo de la nueva experiencia debe ser distinta de los estados anteriores, y en los dos casos debemos considerar el curso temporal de la estimulación tanto como su distribución espacial. LOCALIZACIÓN DEL YO A TRAVÉS DE LA CONSTITUCIÓN DEL ARMA· ZÓN. Otro ejemplo que sólo he de indicar brevemente, aclarará un

punto similar. Hagamos dos dibujos en perspectiva de un cuarto, desde el mismo ángulo. En uno, tenemos enfrente una de las paredes de la habitación, en el otro hemos girado un poco, de modo que nuestro rostro ya no se halla paralelo a la pared y los ojos se dirigen hacia otra parte de la pared. Estos dos dibujos no serán idénticos, y consecuentemente, tampoco serán idénticas las imágenes retinianas de las diferentes partes visibles de la habitación. Sin embargo, la habitación que vemos es la misma; es decir, que nuestro ámbito de conducta será el mismo. Pero, como dato de la experien-

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cia, nuestra propia posición dentro del ámbito de la conducta será diferente. Nuevamente tenemos que rebasar al ámbito e incluir al yo para una descripción completa. Y encontramos ahora aquello que descubrimos antes para el terreno no visual: esto es, que el armazón visual es un armazón tanto para el yo como para los objetos en el ámbito de la conducta. Pero el ejemplo merece un análisis más cuidadoso. En ambos casos tenemos, como condiciones externas del campo organizado, una determinada distribución de luz y color sobre nuestras retinas, distinta para los dos casos. Esta diferencia podría también producirse si, colocados frente a una pared principal, miráramos dos habitaciones de formas diferentes. La habitación que en estas condiciones diera la misma proyección que el cuarto ordinario cuando lo miramos desde una posición oblicua, sería una habitación bastante rara. Luego, el problema es el siguiente: ¿Por qué percibimos, en realidad, una habitación ordinaria cuando estamos inclinados y no esta extraña habitación cuando estamos en posición normal?

Nueva refutación de las explicaciones empiristas. La psicología tradicional, y el lego que hubiera tomado de ella más de lo que cree, responderían: Porque gracias a la experiencia conocemos la habitación. Podríamos nuevamente preguntarnos cómo liemos llegado a conocer la habitación cuando la única fuente visual para alcanzar este conocimiento la constituyen las imágenes retinianas. N o quiero abundar en más razones. El lector podría comprobar su propia comprensión del argumento antiempirista desarrollándolo por sí mismo, teniendo presentes los movimientos continuos de la cabeza y del cuerpo, y preguntándose por qué, desde un punto de vista puramente empirista, debía de ser la posición anterior paralela la que se convirtiese en posición normal. En su lugar citaré algunas pocas observaciones que están en completa contradicción con la explicación empirista. Sabemos que los árboles, los postes telegráficos y las casas se encuentran en posición vertical. Si viajamos en un tren que asciende la cuesta bastante empinada de una montaña, descubrimos, al mirar a través de la ventanilla, y para sorpresa nuestra, que en estos extraños lugares de la tierra los árboles crecen en perfecta coincidencia con la vertical y que, en armonía con los árboles, la gente eleva los postes telegráficos y construye sus casas en la misma forma curiosa. En un trabajo reciente (1923 a) mencioné otro caso particularmente notable: "Sobre la orilla oeste del Lago Cayuga, a unos doscientos pies o más sobre su nivel, se levanta U1\

258

K.

KOFFKA

edificio público sobre un amplio terreno que se inclina levemente hacia el lago. A todo el mundo le parece que este edificio está ladeado en dirección opuesta al lago, del modo más sorprendente". APLICACIÓN DEL

PRINCIPIO GENERAL A LOS DIVERSOS EJEMPLOS.

Las invariables. Descartamos, por consiguiente, la teoría empirista como explicación última del armazón, sin que, sin embargo, pretendamos que la experiencia no tenga ningún efecto en absoluto sobre él. Esta pretensión sería injustificable en el estado presente de nuestros conocimientos. Libres ya de la tendencia empirista, descubrimos en los últimos ejemplos un principio muy simple: las partes del ámbito de la conducta, así que comienzan a formar parte de nuestro armazón espacial general, toman una de las direcciones espaciales generales. Veamos qué significa este principio en nuestros ejemplos. Cuando miramos a través de la ventanilla del vagón del ferrocarril que asciende la montaña, esta ventanilla se convierte en nuestro armazón espacial y, por consiguiente, aparece en la orientación normal horizontal-vertical. Los contornos de los objetos que se ven a través de la ventanilla no cortan su marco en ángulo recto, Por consiguiente, si el marco se ve horizontal, estos objetos no pueden verse en posición vertical, sino que han de aparecer inclinados en dirección opuesta a nosotros durante el ascenso, y hacia nosotros, al descender. Si la Fig. 72 constituye una ilustración algo exagerada de las posiciones reales de la ventanilla y el poste de telégrafo, muestra en cambio, al mismo tiempo, por qué el poste telegráfico no Fig. 72 puede aparecer vertical cuando la ventanilla se convierte en armazón y, por ende, llega a orientarse horizontal-verticalmente. Todo lo que hay que hacer es girar .la figura hasta que el lado inferior de la ventanilla quede en posición horizontal; entonces, por supuesto, el poste telegráfico aparecerá inclinado hacia la derecha, así como en nuestro dibujo es la ventanilla la que está inclinada hacia la izquierda. Luego, el ángulo entre el poste y el marco de la ventanilla determina la localización relativa de los dos objetos, uno respecto del otro, al paso que su localización absoluta está determinada por las partes del campo que forman el armazón espacial. Si se asoma la cabeza por la ventanilla, inmediatamente el poste telegráfico apare~. cerá vertical; si luego se retira la cabeza, sin perderlo de vista, el poste telegráfico parecerá todavía vertical, y las ventanillas y todo

259

PSICOLOGÍA DE LA FORMA

el vagón, inclinados. En estas dos situaciones un factor es invariable, y es el ángulo entre la tierra y el objeto. Es fácil aplicar el mismo principio a la casa situada en la ribera occidental del lago Cayuga. Aquí, el extenso césped suministra la base y, por consiguiente, parece plano. En consecuencia; la casa edificada sobre él debe aparecer inclinada. Nuevamente basta girar la: Fig. 73 hasta que la línea de tierra, que representa el césped en ligero declive, esté horizontal, para ver qué sucede. Descubriremos que el mismo principio, implicando naturalmente otras invariables, actúan también en el campo del color y del movimiento, ya que las propiedades relativas de la distribución del estímulo .determinan las propiedades relativas de Fig. 73 los objetos y los hechos en el mundo de la conducta, pero las propiedades absolutas de estos últimos dependen de un nuevo factor que, en el caso de armazón espacial, es la tensión de esta armazón en las principales direcciones del espacio.

_1H1

~

EL CASO ESPECIAL DE LA LOCALIZACIÓN DEL YO. Nuestro principio se aplica también al ejemplo de la habitación vista cuando estamos parados en posición paralela u oblicua a una pared. El caso es más complicado que nuestros últimos ejemplos en la medida en que implica algo más que direcciones. En este caso, las dos variables son: la forma de la habitación y la posición del Yo con respecto a ella. Cuando observamos la habitación perpendicularmente, la percibimos en su estado correcto, con sus direcciones verticales y horizontales, y a nosotros mismos, dentro de ella, en posición normal. Podríamos percibir, hasta donde alcanza la estimulación retiniana, una habitación extrañamente conformada, de lados inclinados, y vemos nosotros mismos en posición oblicua. Si A representa el armazón, Y el Yo, el índice n lo normal, y el índice a, lo anormal, podremos representar todas las posibilidades distintas con la fórmula: An Y n - A, Ya' Por supuesto es la primera alternativa la que siempre se cumple: por esta razón, parece que no existe problema alguno. Pero una vez que hemos comprendido que hay otras muchas posibilidades, descritas todas por Aa Ya, no vemos porque el caso normal no ha de ser explicado en igual grado que los anormales. En este caso, la explicación resulta particularmente simple: el armazón es normal, sabemos que un armazón tiende hacia la normalidad, y la posición del Yo también es normal, es decir, que la dirección "directamente adelante" desde el sitio que

260

K.

KüFFKA

ocupa el Yo, es perpendicular a uno de los planos principales del armazón. En este caso, coinciden entonces dos sistemas de direcciones: el sistema determinado por el armazón y el sistema dependiente del Yo. Un conflicto entre estos dos sistemas puede perjudicar en gran manera la dirección "directamente adelante", porque ésta no sólo está determinada por la posición del Yo, sino que también puede estarlo por el armazón, prevaleciendo la dirección sagital de este armazón sobre la nuestra propia. En realidad, aun esta última determinación es ambigua, y puede referirse tanto al sistema de la vista, como al de la cabeza o del tronco. G. E. Müller (1917) fué el primero en establecer estos diferentes sistemas de localización. Citaré un ejemplo notable del conflicto entre el adelante objetivo y el "egocéntrico" - ejemplo de suma importancia, pues muestra al mismo tiempo que el armazón visual no es armazón de los objetos visuales solamente. Esta ilustración ha sido tomada de algunos experimentos de acústica. Se trata de que un sonido llegue hasta el sujeto desde adelante. Para comprender el ejemplo debemos saber qué es lo que determina la localización del sonido a la izquierda o a la derecha. Desde el original descubrimiento hecho por von Hornbostel y Wertheimer se ha desarrollado una extensa literatura sobre el tema.v Pero los hechos originariamente descubiertos permanecen alterados. La localización del sonido a izquerda o derecha, depende de la diferencia de tiempo con que la onda sonora hiere los dos oídos. La localización tiene lugar hacia el lado del oído que es herido primero, y el ángulo de la mediana aumenta, por lo menos en una primera aproximación, proporcionalmente al valor de esta precedencia. En· consecuencia, un sonido se oirá delante cuando la diferencia de tiempo sea O; es decir, cuando los dos oídos sean impresionados simultáneamente. Sabiendo esto, se puede hacer un experimento muy simple. Se produce un sonido constante o periódico que se conduce hasta los dos oídos separadamente por un sistema de tubos, que contienen, en cada oído, una pieza variable, como los trombones. Mientras estos dos sistemas de tubos sean de igual longitud, los dos oídos del observador serán estimulados simultáneamente, y el ruido se oirá adelante. Ahora bien, si se saca el trombón izquierdo, el sonido llegará al oído izquierdo del observador con una demora cada vez mayor, en relación al oído derecho y, en consecuencia, el sujeto oirá al sonido desplazarse hacia la derecha. Y aquí viene nuestro 5

Ver von Hornbostel (1923 y 1930), y Banister.

261

PSICOLOGÍA DE LA FORMA

experimento: ~e coloca uno de los trombones en una posicion dada, de modo que el observador oiga venir el sonido con un ángulo determinado; luego le pedimos que gradúe el otro trombón hasta que escuche el sonido nuevamente en el medio, es decir, adelante. Esto puede realizarse con gran precisión. Después de alguna práctica, el promedio de errores de un buen observador no será de más de medio centímetro, es decir, que sacará su trombón hasta una posición de no más de medio centímetro, término medio, en cualquiera de las dos direcciones del otro trombón. Detengámonos por un momento para apreciar este resultado. La velocidad del sonido en el aire es, en números redondos, de 330 ~ O sea, seg. 33000 seg.. El error medio de l/2 cm. significa que cuando el

cm.

observador oye el sonido exactamente adelante, las diferencias entre las dos trayectorias pueden ser de 1jz cm. ¿ Qué significa esto en función del tiempo? c

s

s

.5

t

e

33 0 00

=-, t =-, t =--- seco . = .015

ft...

\V

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O

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O

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..,.--Jo-

6.

ru

b.

1

Fig. 99

y de la ubicación, como lo es nuestro reconocimiento. No es éste el lugar de discutir cuánto más podría agregarse acerca del proceso concreto de reconocimiento (ver págs. 683 y sigs.). También debemos posponer el examen del recuerdo y de la reproducción, pero el presente argumento servirá para vencer las dificultades inherentes a la antigua forma de las teórías de la huella para la explicación de estos efectos. Sólo es necesario agregar aquí unas palabras: nuestra teoría de las huellas de la memoria difiere, en un aspecto radical, de las antiguas formas. Vimos antes que los psicólogos querían reducir la formación de la unidad y la forma a la experiencia, es decir, en última instancia, a las huellas 29. Tal intento es imposible en nuestra hipótesis, por dos razones. En primer lugar, tuvimos que concebir las huellas como sistemas organizados, lo cual presupone que los procesos mismos que produjeron las huellas están organiza. dos; por esta razón, su organización no puede ser una consecuencia de las huellas. En segundo lugar, vemos que la selección de las hue27 Una figura similar en el artículo de Kohler en "Psychologies of 1925", p. 169. 28 Compárese también la figura en von Restorff, p. 315, reproducida en el Capítulo XI. 29 Ver, por ejemplo, nuestro examen de la hipótesis de la asimilación, final del Capítulo III.

540

K.

KOFFKA

Has realizada por los procesos, es decir las leyes de acuerdo con las cuales una excitación se comunica con un sistema de huellas existente, dependen de la semej anza de patrón entre la excitación y la huella, y esto a su vez implica que una excitación debe estar dispuesta en patrones antes de comunicarse con el sistema de huellas, porque de lo contrario no sería capaz de seleccionar la apropiada entre las muchas huellas que quedan constantemente en el organismo. Hasta aquí sólo hemos considerado el factor de igualdad, sin tener en cuenta los factores de proximidad, cierre y buena continuación. Pero todos ellos desempeñan su papel en la relación entre las excitaciones y las huellas. Ceteris paribus, las antiguas impresiones no son tan bien reconocidas ni recordadas como las nuevas, hecho que, aunque probablemente depende también de otros factores, demuestra la solidez de las leyes de proximidad. La buena continuación y el cierre son factores evidentemente poderosos del recuerdo. EL AMPLIO ALCANCE DE LAS LEYES DE ORGANIZACIÓN. Nuestro examen de los argumentos de von Kries contra una teoría de la huella ha hecho mucho más que salvaguardar el supuesto de las huellas: ha introducido las leyes de la organización espacial en el campo de la memoria. Sin embargo, la aplicación de estas leyes tiene todavía un alcance más amplio del que hemos tratado hasta ahora. No sólo regulan la relación entre las excitaciones y las huellas sino también el destino de las huellas mismas, los cambios que sufren individualmente los sistemas de huellas debido a sus fuerzas intrínsecas y aquellos que ocurren en virtud de la acumulación de huellas siempre nuevas. Los experimentos que trataremos dentro de poco arrojarán luz sobre estos hechos. EN DEFENSA DE LAS HIPÓTESIS ESPECULATIVAS. A un crítico que objetara todas estas hipótesis, diciendo: ¿Por qué tanta especulación sobre una base de hechos tan débil? Yo le replicaría: si queremos llevar a cabo nuestro programa y hacer una descripción de los hechos de la psicología tan sistemática como sea posible en el momento actual, tendremos que elaborar el concepto de las huellas de un modo concreto; este concepto debe estar lo suficientemente bien definido como para admitir una interpretación precisa. El estar capacitado para sobrellevar todas las dificultades que le son inherentes, tratando de superarlas permaneciendo consecuente con todo el sistema de pensamiento desarrollado y con los hechos que conocemos. Estoy convencido de que, a su debido tiempo, estas hipótesis

PSICOLOGÍA DE LA FORMA

541

tendrán que ser abandonadas pcrqu3 estarán en contradicción con nuevos hechos recién descubiertos. Pero también estoy convencido dc que sin un sistema de hipótesis, tan rígidas y concretas como sea posible, aún cuando fuesen especulativas, ningún trabajo sistemático de investigación sería posible. Si reparamos en el signo de los tiempos que corren, veremos que la clave es la osadía y no la prudencia.

CAPITULO Xl LA MEMORIA

Pruebas experimentales. La comparacioti sucesiva y los errores de tiempo. El ejecto juncional del desnivel. Los experimentos de Von Restorjj: el ejecto de la agregación de huellas sobre la recordación y el reconocimiento. Los experimentos de Wulj y sus sucesores: cambios dentro de las huellas indioiduales. Reasunción de la teoría de las huellas: insuiiciencia de nuestra hipótesis. Adquisición de habilidades. Reorganización de la percepción. Conocimiento de una apelación nueva. Las huellas y el yo. El olvido. La disponibilidad de las huellas.

PRUEBAS EXPERIMENTALES Aunque en el largo análisis teórico del último capítulo tratamos en todo momento de mantenernos en contacto con los hechos, cumple ahora completarlo con las pruebas experimentales. Los hechos experimentales servirán a dos propósitos: por un lado, nos proporcionarán una base más amplia para nuestra estructura teórica; por el otro, harán evidente que estas hipótesis, lejos de ser especula. tivas en el sentido de estar divorciadas con la realidad comprobable, se han mostrado notablemente fructíferas para la investigación. No puede haber sido indiferente tampoco al trabajo experimental el hecho de que se hayan adelantado tales hipótesis, y espero que el desarrollo de los próximos años añadirá nuevas pruebas de su valor heurístico. La comparación sucesiva y los errores de tiempo. Puesto que nuestra hipótesis de las huellas se basaba, en gran parte, sobre los descubrimientos de Kohler y de Lauenstein, parecería conveniente comenzar con sus trabajos experimentales. Se iniciaron por un hecho casual. En el primer volumen de la "Psychologische Forschung"

PSICOLOGÍA DE LA FORMA

543

(1922), Borak publicó un artículo sobre la comparación de pesos alzados, en el cual demostraba nuevamente dándole mucho realce. un efecto descubierto hacía mucho tiempo, 1 pero cuyo significado real había caído en el olvido. Este efecto ha sido llamado el error de tiempo negativo; consiste en el hecho de que si se presentan dos estímulos a una comparación sucesiva, el umbral diferencial es me. nor cuando el estímulo más fuerte sucede al más débil que cuando lo precede. Esto quiere decir que si de dos estímulos A y B, siendo B A, son lo suficientemente semejantes entre sí como para que su diferencia sea reconocible en ll!enos del 100 % de todas las presentaciones, entonces, la sucesión A B producirá un mayor número de juicios correctos que la sucesión B A. También significa, como más tarde lo señaló Kóhler, que aun cuando los juicios sean correctos en ambos casos, la primera sucesión parece implicar una diferencia mucho mayor que la segunda (L. c., pág. 163). Borak trató de encontrar una explicación fisiológica de su efecto, pero desde que la prueba experimental de su hipótesis mostró que ésta era errónea, abandonó completamente el intento en favor de una teoría psicológica. Y fué aquí donde apareció Kóhler, Kóhler desarrolló otra hipótesis fisiológica, dedujo de ella ciertas conclusiones, y las confirmó con nuevos experimentos. Finalmente Lauenstein, analizando la hipótesis de Kohler, distinguió en ella dos partes, una de las cuales aceptó, al paso que juzgó necesario rechazar la otra, teniendo en cuenta sus propios experimentos. Su teoría, surgida de la hipótesis de Kohler, es más general. Todo esto desde el punto de vista histórico. Ahora trataremos el problema tal como se presenta actualmente, dej ando de lado el aspecto histórico. Ya hemos visto la teoría de Lauenstein en nuestro examen de las unidades temporales. Lauenstein la desarrolló como una explicación de la comparación, tanto simultánea como sucesiva. Si compa· ramos dos puntos, estos puntos deben formar alguna clase de unidad, y el resultado de la comparación dependerá de la clase de estas unidades. En la página 515 reprodujimos una figura extraída del trabajo de Lauenstein: dos manchas grises sobre un fondo homogéneo, en relación funcional. Aunque en esa etapa de nuestro examen no investigamos la naturaleza de esta relación funcional, atendiendo más bien al carácter de "par" que a la relación más claroteoría atendiendo a este aspecto más oscuro, Lauenstein elaboró

>

1 En el artículo de Kdhler (1923) se encontrarán referencias a la vieja literatura sobre el tema, y a la reciente, en el de Lauenstein.

544

K.

KüFFKA

particular. Como lo señaló Kóhler por primera vez (1918), nuestros dos casos, paridad y comparación, son en muchos aspectos tan semejantes que sus propiedades dinámicas deben considerarse como del mismo tipo 2. De manera similar, yo introduje el concepto de fenómeno "escalonado" (step-ioise) (1922) para describir y explicar el proceso de comparación. Cuando comparamos las dos manchas grises de nuestra figura vemos que forman un "escalón" (step} ; es decir, un todo con dos miembros entre los cuales existe un desnivel de potencial. Y cuando comparamos dos pesos alzados sucesivamente, o dos tonos, existe entonces este desnivel de potencial entre la concentración en el punto de la nueva excitación y la huella de la excitación precedente. Si esta hipótesis es cierta, no puede ser indiferente que la huella de la primera excitación permanezca constante o que sufra cambios durante el intervalo entre la aplicación del primer estímulo y el segundo. Si, por ejemplo, los dos estímulos sucesivos Al y A2 son iguales, habremos de esperar una mayoría de juicios de igualdad, dado que la huella de Al permanece inalterada hasta la aparición de A2 • Sin embargo, si Al estuviese expuesto a fuerzas que cambiasen su constitución, las concentraciones al Y aa ya no serían iguales y, consecuentemente, deberíamos esperar una mayoría de juicios A2 > Al, o Al > A2 , sea que Al haya disminuído o aumentado su concentración durante el intervalo, El hecho del error de tiempo negativo es idéntico a la alternativa A2 Al, Si, como hemos explicado anteriormente, la sucesión A B, donde B > A, produce más juicios correctos que la sucesión B A, el juicio "el segundo es mayor que el primero" se desprende más fácilmente que el juicio "el segundo es menor que el primero". En consecuencia, si los dos estímulos son iguales, el segundo será considerado mayor, en un número más grande de caEOS, que menor. El error de tiempo negativo estaría entonces explicado si pudiésemos suponer que, durante el intervalo, la huella de la primera excitación disminuye en concentración. No podemos probar directamente este supuesto, pero

>

2 No entraremos en los detalles de esta discriminación. Para un estudio completo, véanse los artículos de Kühler, ed. 1923 y 1933. Sólo mencionaré que también puede realizarse una comparación de manera distinta a la considerada por Kohler : los dos puntos, en vez de comunicarse entre sí, entran en relación funcional con todo un sistema graduado, A con una parte, B con otra; y la comparación depende de la posición relativa de estos dos puntos en ese sistema. Así, A puede aparecer gris claro, B gris oscuro y, por tanto, la persona insitada a comparar A y B dirá que A es más claro que B, aunque en el proceso real A no estuviese en directa relación funcional con B.

PSICOLOGÍA DE LA FORMA

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podemos someterlo a una prueba indirecta: si la huella está expuesta a fuerzas, el cambio en la huella será tanto mayor cuanto más se permita que actúen estas fuerzas. De acuerdo con el experimento, el error de tiempo negativo debe ser una función directa del intervalo. Se confirmó ampliamente esta predicción en los experimentos de Kühler con los golpes secos del .teléfono, los cuales mostraron que durante cortos intervalos (para algunos sujetos hasta tres segundos) el error de tiempo era positivo, mientras que con intervalos más largos se hacía progresivamente negativo. La tabla siguiente puede servir como ejemplo. Representa el porcentaje, por un lado, del juicio "el segundo más fuerte" y por el otro el del "segundo más suave", para ocho sujetos con pares de estímulos iguales. El número de juicios de igualdad no ha sido reproducido. Puede calcularse fácilmente como la diferencia entre 100 y la suma de las otras dos clases de juicio. CUADRO 14 (según K¡¡hler, 1923, p. 152) juicios con intervalos variables entre los dos golpes secos A" A•.

iguales

Intervalos en segundos 1l¡f

Juicio más fuerte más

suave

3

4l¡f

6

4.2

29.2

54.2

62.5

62.5

50.

25.

8.3

Surge entonces el problema de la causa de estos cambios. Preso cindiremos por el momento de los cambios que ocurren al principio que dan origen al error positivo, y nos concentraremos en el otro que dura mucho más y que causó el error de tiempo negaen los experimentos de Kohler. "Podemos suponer que todas huellas son gradualmente destruídas por procesos metabólicos, cual, con intervalos más largos, determina el error de tiempo O bien podemos suponer que en las condiciones de estos experimentos las huellas próximas llegan a asimilarse entre sÍ. En caso se explicaría el error de tiempo negativo por una asimilala huella de la primera excitación a la huella del estado cotnlsp'onl:liente a la falta de estimulación" (Lauenstein, pág. 152).

K.

KÚFFKA

Lauenstein busca una decisión entre estas hipótesis alternativas en aquellos experimentos en que los dos estímulos críticos surgen de un fondo temporal homogéneo, producido por estímulos de la misma calidad que la de los dos estímulos críticos, pero de diferente intensidad, siendo más fuerte en un grupo de experimentos que en el otro. Experimentó tanto con la vista como con la audición. En los experimentos visuales empleó el aparato de Metzger del campo total homogéneo, descrito en el Capítulo IV (pág. 141). Se dieron los estímulos críticos al igualar cinco intensidades diferentes de este campo. En un grupo de experimentos, estos estímulos irrumpían en 'un estado de relativa oscuridad; la gran pantalla estaba iluminada sólo por la luz difusa que salía de la linterna de proyección y de la lámpara para leer del experimentador. En el otro grupo de experimentos, la pantalla estaba iluminada por dos luces intensas antes, durante y después de la exposición de los dos estímulos críticos. La tabla siguiente nos muestra el resultado. Indica el promedio de los errores de tiempo de ocho sujetos para el "fondo" oscuro y el claro, y varios intervalos de tiempo. La medida del error de tiempo se ha calculado de la siguiente manera: La suma de todos los juicios "el segundo más claro" ha sido restada de la suma de todos los juicios "el segundo más oscuro"; la diferencia se multiplicó por 100 y se dividió por la suma de todos los juicios. Por lo tanto, estos números miden la preponderancia relativa de los juicios de más claro o más oscuro. Cuando predominan los primeros, los números son negativos; cuando lo hacen los últimos los números son positivos, correspondiendo a la terminología de errores de tiempo positivos y negativos.

CUADRO 15 (según Lauenstein, p. 160) Los números representan la preponderancia relativa de los juicios más claro (-) o más oscuro (+). Intervalos en segundos Fondo

Oscuro

10

20

40

:+ 3

-20

-24

-37

+29

,+27

+47

+62

5

Claro

I

--.,

..A.-

,..-

547

PSICOLOGÍA DE LA FORMA

En los experimentos acústicos los estímulos CrItICas consistían en dos tonos de 80 ciclos, que sonaban durante dos segundos. En los dos grupos de experimentos el fondo lo constituía el mismo tono que había sonado antes, entre y después de los dos tonos críticos. Pero mientras en un grupo era de intensidad menor que la de los t01IOS críticos, era mayor en el otro. El cuadro 16 de esta página, igual en esencia al precedente, resume los resultados de trece sujetos. Los resultados son perfectamente inequívocos. En ambos campos sensorios aparece un error de tiempo positivo, con intervalos cor-. tos y con ambas clases de fondo, y luego un error de tiempo, que aumenta con la duración del intervalo y que sólo es negativo para el fondo más débil, siendo positivo para los más fuertes. Se han demostrado, de esta manera, dos clases distintas de cambios en las huellas. (1) Un cambio inicial de corta duración durante el cual aumenta la intensidad de la huella; este efecto, puesto que ocurre tanto con un fondo débil como con uno fuerte, no puede atribuirse a una influencia del fondo sobre la huella. Esto es todo lo que podemos decir por el momento acerca de este efecto. (2) Un cambio progresivo que comienza después de .un segundo, aproximadamente, que asimila la huella individual al sistema de huellas de su fondo, y que causa, por ende, un error de tiempo progresivo, ya sea positivo o negativo, de acuerdo con la naturaleza del fondo. Así, quedó decidida en lo que se refiere a este segundo cambio la alternativa de Lauenstein, y en acuerdo con su segunda hipótesis.

CUADRO 16 (según Lauenstein, p. 160) Los números representan la preponderancia relativa de los juicios más fuerte (-) y más suave (+).

Intervalos en segundos --A-

~

Fondo

5

2

---"

15

45

Suave

+15

-

3

-19

-48

Fuerte

+12

+25

+29

,+36

548

K.

KOFFKA

En realidad, esta segunda alternativa ya había sido anticipada y experimentalmente probada por Bentley en 1899, tal como lo señala Lauenstein, En sus experimentos con discos grises Bentley sólo utilizó fondos espaciales, de manera que al incluir sus resultados, la prueba empírica para el supuesto efecto de asimilación en las huellas se hace más general. Los resultados obtenidos por Kohler, error de tiempo negativo sobre fondo de silencio, se explicarían de acuerdo con esta interpretación por una asimilación de la huella del sonido a la huella del silencio. Pratt no está de acuerdo con esta interpretación sobre la base de interesantes experimentos. Arguye de este modo: Un silencio debe ser considerado como el grado más bajo de sonoridad. Por consiguiente, si comparamos un fondo de completo silencio con uno "suave", el error de tiempo debe ser mayor en el primer caso que en el segundo. Para probarlo, realizó dos series de experimentos. En la primera los dos estímulos críticos eran ruidos producidos por los diversos altos y bajos de un péndulo sonoro, estableciéndose el estímulo tipo, a 45°. El intervalo de cuatro segundos entre los dos estímulos críticos se mantuvo constante. Se compararon tres grupos de experimentos entre sí: (1) el normal, en el cual este intervalo permanecía vacío; (2) el fuerte, en el cual se introducía un ruido intenso durante el intervalo y el péndulo caía desde un ángulo de 70°; (3) el suave, un estímulo intermedio de 20°. La siguiente tabla contiene un resumen de los resultados; los números representan el promedio del punto de igualdad subjetiva del segundo ruido, calculado según la tabla de Pratt. CUADRO 17 (según Pratt, p. 295) Ruido del tipo de 45°. Punto de igualdad subjetiva del segundo ruido.

Sistema

Normal 44.1

Ruido fuerte intermedio 48.8

Ruido suave intermedio

42.2

En la segunda serie de experimentos se comparaban distintos pesos, alzándolos. Esta vez se utilizaron sólo dos sistemas diferentes, el normal y otro con un ligero peso intermedio. El peso patrón era de 100 g. y el intervalo entre los dos pesos críticos, de cuatro se-

549

PSICOLOGÍA DE LA FORMA

gundos. El siguiente cuadro muestra los resultados. En este caso los números han sido calculados según los cuadros de Lauenstein midiendo la dirección y el tamaño del error del tiempo del misU:o modo. Nuevamente he promediado los resultados de los tres sujetos de Pratt. CUADRO 18 (según Pratt, p. 296) Peso patrón de 100 g. Preponderancia relativa de los juicios: más pesado (-) y más liviano

(+).

Sistema

Normal

Liviano

-16.7

-38.9

Los dos últimos guarismos de la primera tabla confirman los resultados de Lauenstein para las nuevas condiciones de los expe· rimentos de Pratt. La comparación del primer guarismo con el tercero en la primera tabla, y de los dos números de la segunda, contiene, sin embargo, un nuevo resultado. El error de tiempo negativo es considerablemente menor con intervalos vacíos que con intervalos parcialmente ocupados con un estímulo de la misma clase que los críticos, pero de intensidad menor. Pratt concluye de estos resultados que la asimilación, tal como lo supuso Lauenstein en teoría, tiene lugar cuando el intervalo entre los estímulos críticos es ocupado por un estímulo, ya sea éste de intensidad mayor o menor: "sin embargo, cuando no hay ningún estímulo intermedio ni un fondo apreciable, la huella simplemente desaparece" 3 (pág. 297). Interesantes y sugestivos como son estos experimentos, no han hecho, en mi opinión, nada más que presentar un problema, lejos de probar las afirmaciones de Pratt. No haré hincapié en el punto de que se investigó un solo intervalo en cada serie, y de que una ampliación de la investigación hacia los intervalos más largos alteraría posiblemente el panorama. Destacaré, en cambio, el hecho de que una tercera impresión inserta entre otras dos, no es equivalente a un fondo que rodee las dos impresiones críticas. Es muy plausible suponer que, por lo menos al comienzo, la influencia de la primera será más fuerte que la de la segunda. Cuando Pratt 3 En bastardilla en el original,

550

K.

KOFFKA

compara el sistema vacío con el que está ocupado por un estímulo de intensidad más débil, está comparando, en realidad, una influencia ejercida por un fondo con otra ejercida por una nueva figura, y la diferencia en sus resultados puede muy bien deberse a esta desemejanza y por lo tanto, no apoyar sus propias conclusiones. Otros muchos experimentos deberán realizarse antes de que el resultado quede claramente definido, y no dudo de que un futuro cercano proveerá la información que aún nos falta. Uno de los experimentos debería tomar esta forma: tendría que haber, antes y después de los dos estímulos críticos, un fondo como el utilizado por Lauenstein, y entre ellos, el vacío. Sólo entonces tendría el vacío la misma función que tienen los experimentos de Pratt. Podemos simboliz~rgráficamente los experimentos de Lauenstein y los de Pratt de esta )manera:

___rLfL__ LAUENSTEIN

PRATT

El experimento que acabamos de proponer tendría entonces la guiente representación:

SI'

Las huellas dinámicamente activas. (1) VARIACIÓN DEL ERROR DE Lauenstein probó, tal como lo hiciera Bentley antes que él, que, cualesquiera sean los resultados de tales experimentos, las huellas que permanecen después de concluídas las excitaciones no quedan completamente muertas sino que están, por lo menos en ciertas condiciones, en relación funcional con otras huellas, en virtud de lo cual sufren algunos cambios. Esta misma conclusión se sigue también en otros efectos evidentes, tanto en sus experimentos como en los de Kühler. Kohler descubrió que si se continuaban los experimentos durante varios días, el error de tiempo negativo se hacía cada vez menor. Reproduzco en la tabla siguiente algunas cifras calculadas según una de las tablas de Kühler (p. 159) que representan la preponderancia relativa de los juicios "el segundo más fuerte" (-) y "el segundo más suave" (+) determinados del TIEMPO.

551

PSICOLOGÍA DE LA FORMA

modo ya explicado, y que corresponden a cinco sujetos en tres días diferentes. Estos guarismos resumen los resultados de tres intervalos de tiempo diferentes, 3, 4 V2' y 6 segundos, mientras que el intervalo más corto de Kóhler, l:l1z segundos, se omitió porque para ese intervalo el error de tiempo era ya positivo el primer día.

CUADRO 19 (según Kohler, p. 159) Preponderancia de los juicios más fuerte y más suave.

Fecha

2/12/21

5/12/21

6/12/21

., '.",

Preponderancia relativa

-38

-22

+17

El resultado es perfectamente evidente. Está acompañado por un marcado cambio en la aparición de los golpes secos. El primer día, la serie pareció contener una vasta mayoría de escalones "ascrndentes", muchos de los cuales eran bastante amplios, mientras que el tercer día aparecieron gran cantidad de escalones "descendentes" careciendo de vigor los ascendentes. Estos hechos revelan otra propiedad funcional de las huellas, además de la probada por Lauenstein: las huellas producidas por excitaciones "similares" no permanecen independientes unas de otras sino que forman sistemas de huellas más amplios que influyen de modo preciso sobre las huellas recién formadas. Porque una huella que el primer día hubiese cambiado en dirección hacia una concentración menor durante el intervalo intra-par, como para producir un error de tiempo negativo, habrá aumentado su concentración en el tercer día durante el mismo tiempo y, por ende, producirá ahora un error de tiempo positivo. Esta afirmación implica dos proposiciones diferentes: (1) la obvia acerca de la interdependencia de las huellas dentro de un sistema más amplio y (2) la pretensión de que la organización dinámica de las huellas no sigue únicamente su organización temporal, sino que depende también de propiedades intrínsecas de las huellas mismas, y, en el caso en discusión, de su semejanza. Dependerá de las condiciones totales cuáles han de ser los tonos similares, de modo que la igualdad de estimulación no criterio suficiente de la igualdad o semejanza de las excitaciones los procesos. Sin embargo, la circunstancia de que la organización

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K.

KOFFKA

de la huella sea determinada por propiedades intrínsecas de la huella es de extrema significación para la teoría de la: memoria. Ello muestra la completa insuficiencia de la antigua analogía con la tabla de cera sobre la cual la experiencia graba sus impresiones. Porque al paso que en la tabla cada impresión permanece independiente de todas las otras, las huellas, cuya sucesión puede ser perfectamente contingente, se organizan de acuerdo con propiedades intrínsecas; la distribución azarosa, puramente temporal, es reemplazada por sistemas bien ordenados. Para evitar un posible malentendido sólo agregaré que el principio de igualdad no es en absoluto el único que gobierna la organización de los sistemas de huellas. (2) LA "TENDENCIA CENTRAL". Lauenstein pudo aun descubrir en sus resultados otro efecto dentro de los sistemas de huellas, efecto bien conocido durante mucho tiempo y al cual Hollingworth llamó "la tendencia central del juicio". Puesto que hemos descrito en otra oportunidad (1922) los experimentos de Hollingworth, sólo me referiré a ellos brevemente. Investigó el "punto de indiferencia", es decir, aquel estímulo, dentro de una serie graduada, que es reproducido o reconocido correctamente, al paso que los menores son sobreestimados y los mayores subestimados. En una de las formas del experimento, el brazo de un sujeto se movía sobre una distancia variable y los sujetos tenían que reproducir este movimiento del brazo; en una segunda serie, se presentó a los sujetos un cuadrado de tamaño variable y, después de un intervalo de cinco segundos, tenían que elegir de memoria este cuadrado entre 30 presentados simultáneamente. En ambos grupos de experimentos algunos estímulos pequeños (movimientos y cuadrados) fueron sobreestimados, es decir, el movimiento reproducido y el cuadrado elegido eran mayores que los originales, otro estímulo de dimensiones considerables fué subestimado, mientras que un tercer estímulo estaba en el punto de indiferencia. La contribución positiva del trabajo de Hollingworth fué la prueba de que la posición del punto de indiferencia no está determinada absolutamente, sino que corresponde siempre al centro dentro del orden de estímulos empleados. Por esta razón, el mismo estímulo puede ser tanto sobreestimado como subestimado, o bien puede estar en el punto de indiferencia de acuerdo con la serie de estímulos a que pertenezca. Esto prueba, por supuesto, la influencia del sistema de huellas sobre cada huella recién creada, y lln efecto promediante dentro qel sistema de hllen

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Author: Stevie Stamm

Last Updated: 07/18/2022

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